Barrionalismo

Lo que un barrio es

Es extremadamente sencillo saber lo que es un barrio, pero más complicado es definirlo. Se trata de una categoría intuitiva antes que geográfica. Hasta la extensión de los planes urbanísticos ,los barrios siempre han preexistido, como hecho en sí, a la unidad administrativa que se ha ido apropiando de sus nombres. Por eso son muchos los barrios que han tenido distintos nombres y límites difusos. Posteriormente, y pese al empeño último de negar la calle como lugar de encuentro, el barrio siempre ha emergido como hecho social, contenedor de la vida urbana y la vecindad.

 

barrioUn barrio no lo es si no hay vecinos que se consideran del barrio. Habitualmente, estas identidades se han identificado siempre con los barrios populares (poblados por gente de clase baja o media-baja). De ahí que nadie del barrio de Salamanca o de la Moraleja diría jamás que es de barrio. Y sin embargo lo es. Al menos en el sentido de pertenecer a un hábitat forjado sobre la cotidianidad y sentir una identidad común. Si la sentirán que contratan seguridad privada para excluir a los diferentes. Lo que es cierto es que el barrio tiende a ser bastante homogéneo en cuanto a las clases sociales que lo habitan, por más que haya también desigualdades internas y por más que, en las últimas décadas, la ideología de la clase media haya cubierto gran parte de los barrios, diluyendo la conflictividad social.

En La invención de lo cotidiano, Pierre Mayol aporta una visión sugerente de lo que es un barrio, según la cual constituye un límite difuso que está entre el espacio privado y el espacio público, una especie de hábitat controlado que nos permite pasar con éxito de la intimidad del hogar a la inmensidad inhóspita del mundo exterior. Podríamos interpretar, con él, que el barrio es un rellano difuso.

Efectivamente, el barrio que contiene una vida digna de tal nombre es un espacio repleto de marcas sociales que preexisten al vecino. Con lugares centrales, personas revestidas de carisma por el resto de la comunidad del barrio (y que, probablemente, no sean nadie fuera de ese conjunto de calles), leyendas…La adhesión a un barrio comporta la aceptación de un sistema de valores y comportamientos, unos códigos de sociabilidad no escritos forjados por infinitud de interacciones sociales sedimentadas que, no debemos tampoco obviarlo, pueden ser causa de exclusión social como en todo grupo. Existen en el barrio una serie de transgresiones admitidas, por ejemplo el piropo del tendero en el mercado, que a él mismo sólo se le admitirá detrás de su puesto y con el mandil puesto, o la confidencia, que sólo se le hace a determinado camarero en su puesto de trabajo. De todas estas interacciones sociales surge la vecindad.

El Barrionalismo y la fiesta como construcción barrionalista

Batalla Naval Vallecas

Batalla Naval Vallecas

El término barrionalimo, más informal que académico, se construye como reflejo del nacionalismo. Si este es, siguiendo la definición clásica de Benedict Anderson, una comunidad imaginada, el barrionalismo viene a exacerbar discursivamente lo que el barrio tiene de comunidad real. Se trata de llevar a gala no ya dónde uno ha nacido sino qué sitios ha frecuentado, a la maestra de escuela antes que al padre de la patria, al borracho sabio de tu calle antes que al escritor nacional y al cura también, según dónde, claro. En realidad, es difícil delimitar con certeza lo que cualquier subconjunto social tiene de construido y lo que ha ido surgiendo de forma natural. Algo hay de común en muchas naciones y algo hay de imaginado en los barrios, pero entre un extremo y otro dista lo suficiente como para colgarles respectivamente los apelativos imaginada y real.

La vida de barrio se caracteriza por ser una vida en común, y hay una relación estrecha entre esto y el paso natural a la acción colectiva. Muchas veces -es más fácil- se ha subrayado el resultado (la asociación vecinal, el colectivo de barrio, las instituciones informales de solidaridad…), dejando de lado los mecanismos subterráneos de identificación que lo hacen posible

Muy unida a la construcción de la identidad está la fiesta como herramienta básica de hacer en común o para luchar contra el devenir individualista y disolvente de los tiempos. Pondré algún ejemplo.

Malasaña es un barrio construido popularmente desde los años setenta en el centro de Madrid, que surge sobre otros barrios anteriores, como el de Maravillas. Malasaña no sustituye a Maravillas, crece entrelazado con él. El nombre –una vez más popular, no administrativo- se impone en los años de la explosión cultural de la Nueva Ola y la reivindicación vecinal contra el Plan Malasaña, un plan urbanístico que a punto estuvo de arrasar la mitad de la barriada para construir una suerte de nueva Gran Vía flanqueada de viviendas caras.

En este contexto llegan las primeras fiestas del Dos de Mayo postfranquistas, que pronto se asientan como una de las más populares de la ciudad. Sin embargo, andando los años, el Ayuntamiento del Partido Popular y Ruíz Gallardón, cetro en mano, quitaron las fiestas a sus vecinos para llevárselas a las Vistillas, convertidas en parque ferial de las fiestas impersonales de Madrid. Aunque la festividad se había sacado ya del barrio, a posteriori se utilizaron como excusa unos altercados ocasionados cuando la policía impidió hacer botellón a la gente (en Madrid, desde la Ley Antibotellón, la prohibición queda en suspensión durante las fiestas patronales y de los barrios). En 2009 un grupo de vecinos, entre los que figuraba la asociación de vecinos del barrio (ACIBU), gente de las AMPAS o del CSO Patio Maravillas, empezó a pergeñar unas fiestas populares y autogestionadas, que desde entonces no han dejado de crecer pese a las zancadillas del Ayuntamiento de Madrid.

Batalla naval de Vallecas

Se trata de unas fiestas muy diferentes, con implicación vecinal, y que han fortalecido el tejido asociativo del barrio de Malasaña, como también lo son las Fiestas Populares del Barrio del Pilar, que en este caso recogían la necesidad de hacer piña en un barrio popular hecho sobre la nada por el régimen franquista en los años sesenta. Ya en 1978, antes del primer consistorio democrático, asociaciones históricas del barrio, como La Flor y el Centro Cultural, organizan las primeras fiestas (antes se habían hecho otras, que gravitaban en la órbita institucional franquista). Desde el principio nacen con carácter reivindicativo, pidiendo infraestructuras y luchando contra el proyecto del Centro Comercial La Vaguada. Como en otros barrios, las comisiones de fiestas fueron vaciándose de vecinos a medida que los partidos políticos cooptaron a las asociaciones y las Juntas de Distrito monopolizaron la gestión de los eventos (la Ley de Régimen Local de 1984 sirvió para quitarles a las asociaciones capacidad de implicación).

En 2004 un grupo de vecinos del barrio decidió constituir una plataforma que, desde ese año, ha creado un auténtico rincón popular dentro de las fiestas institucionales (que los últimos años se celebran en el parque de La Vaguada, espacio que la lucha vecinal arrebató a lo que iba a ser también centro comercial). Las fiestas populares tienen contenido político en sus manifiestos, gestión horizontal y todo un programa alternativo. Ante semejante desafío, no es de extrañar que últimamente haya habido intervenciones policiales absolutamente injustificadas a la hora de desalojar las fiestas.

En las fiestas del Dos de Mayo a menudo se recurre a la iconografía del mito del Dos de Mayo vaciado de connotaciones nacionalistas y las del Barrio del Pilar son popularmente las del Barrio de la Pili, aligerando la solemnidad religiosa de la patrona nacional (en realidad se dice que el barrio se llama así porque la mujer del constructor franquista José Banús se llamaba Pilar).

Un paso más decididamente político es el que se dio con la Batalla Naval de Vallekas, que se construyó en un proceso de invención de la tradición, y que constituye el ejemplo más acabado de barrionalimo con el que contamos en Madrid: el de Vallekas.

Vallekas simboliza como pocos lugares en Madrid (y probablemente en España) el barrio como unidad política. Su leyenda a la izquierda del imaginario común se forjó al calor de la fricción surgida entre inmigrantes de las dos Castillas, Extremadura y Andalucía, que llegaron a Madrid desde los años cincuenta, y que se encontraron con la necesidad de levantar ciudad donde no la había, construyendo casas ilegales en terrenos rústicos. La puesta en común de problemas y el apoyo mutuo como vía de supervivencia permitieron la creación de un denso tejido asociativo que, a su vez, amparó a numerosos partidos políticos y sindicatos que se movían en la clandestinidad.

La resistencia, en Vallecas pero no sólo, de este tejido vecinal, se concretó en la exitosa oposición a los planes urbanísticos, que pretendían arrasar con el barrio, consiguiendo que los realojos se hicieran en sus propios barrios y que su diseño contara con la participación vecinal. El Plan de Barrios, que se desarrolló durante los años 80, realojó a más de 3.000 familias entre Palomeras y el Pozo del Tío Raimundo.

Es entonces cuando nace en Vallecas la idea de barrio como plataforma de lucha política, y es en este contexto en el que crece un proyecto de reescritura contrahistórica de la pequeña tradición vallecana que lleva al nacimiento de Vallekas.

En julio de 1982 se celebra la primera Batalla Naval, organizada por la librería libertaria El Bulevar en el marco de las fiestas del distrito. Durante las fiestas se declara la independencia de la República de Vallecas y su neutralidad frente a la OTAN. Reactualizaron el mito fundacional de la población, que lo atribuye al moro Kas (que, ahistóricamente, da nombre al Valle del Kas). Ya tenemos la K. Nació el icono gráfico del barrio y lemas como Vallekas nuestro.

En aquella primera inauguración del Puerto de Mar la gente empezó a tirarse espontáneamente agua para aliviarse del calor, y así nació la célebre Batalla. La mítica sala de Rock Hebe fue durante años el centro de la organización de un festejo barrionalista del que participaba todo el tejido  vallecano. En los noventa, con el Partido Popular, el festejo estuvo cinco años prohibido y hoy vuelve a ser, tras múltiples vicisitudes, una cita ineludible.

Nadie discute hoy el vallekanismo como opción identitaria (reforzada también en su día por el rock vallekano y hoy por el equipo de fútbol, entre otros elementos). A nosotros nos interesa aquí la creación política y consciente de un imaginario común, cohesionador del barrio, pero también inclusivo con los recién llegados. La forma en que las narrativas horizontales pueden ser utilizadas para equilibrar las estructuras de dominación creadas por otras narrativas impuestas desde arriba.

 

PARA SABER MÁS:

De Certeau, M., & Giard, L. (1996). La invención de lo cotidiano: artes de hacer. I (Vol. 1). Universidad Iberoamericana. Recuperado a partir de https://books.google.es/books?hl=es&lr=&id=iKqK5OfkLnUC&oi=fnd&pg=PR13&dq=La+invenci%C3%B3n+de+lo+cotidiano&ots=pDtUa8k-0Z&sig=V-16dkfsOVT4mc7zFZpNOwcYTT4

Lorenzi, E. (2007). Vallekas Puerto de Mar Fiesta, identidad de barrio y movimientos sociales. Madrid: Traficantes de Sueños, 2007. Recuperado a partir de http://libros.metabiblioteca.org/handle/001/351

Golfos, malvivientes y pandillas del andén.

Las vías del tren de Leganés

Las vías del tren de Leganés

Desde hace unos cinco años hago todos los días la línea de tren que va hasta Humanes para llegar al trabajo. Me bajo del cercanías –o lo cojo, según vaya aburrido o vuelva cansado- en Leganés. Paso por Orcasitas, Villaverde Alto, y otras paradas donde me entretengo leyendo u observando a mis compañeros de viaje. De entre todas las tipologías humanas que, no sin cierta vergüenza, voy creando en mi cabeza, una de las que más presente tengo es la de las pandillas del andén.

He observado que muchos grupos de chicos y chicas quedan en las estaciones de cercanías. Pasan mucho tiempo en los andenes, a los que llegan saltando la valla, frecuentemente en la dirección menos frecuentada. Preparan pasos de baile, charlan, y se encuentran con otros grupos de chicos y chicas que vienen de las estaciones cercanas. A veces los muchachos de las pandillas del andén suben al tren y bajan tras una u dos estaciones. Se nota que son sus dominios, se comportan de manera altiva, muchas veces se estiran ocupando un par de asientos, hablan alto, cantan. Flamenquito, hip hop, reggaetón. Pronuncian con herencias calés, aunque sólo unos pocos son gitanos. Los hay de aquí, de allá y de distintos colores.

Algunos viajeros, inmediatamente, miran hacia abajo ante su presencia, como queriendo pasar desapercibidos. Hay quien mueve la cabeza con gesto de desaprobación o alivio cuando desaparecen. En estos cinco años no es que no les haya visto ocasionar ningún problema: es que no he presenciado que se dirijan a nadie de forma conflictiva o maleducada.

Son, en realidad, sólo una de las muy distintas representaciones humanas posibles de una zona con fuerte componente popular. Quizá una que puede empalmarse fácilmente con el hilo narrativo de los golfos y los representantes de la mala vida – gente de clase baja al margen del sistema productivo- de los que irremediablemente me acuerdo cuando veo hoy estigmatizar y establecer categorías morales sobre chicos y chicas de la periferia o de barrios de clase trabajadora.

En el contexto de la explosión capitalista de las ciudades europeas, durante el último tercio del siglo XIX y el primero del XX, se produjo un descomunal esfuerzo por la integración social con un reverso tenebroso: el de la creación de un discurso estigmatizador de los grupos sociales provenientes de las clases trabajadoras y los espacios en los que vivían, especialmente el de los grupos más díscolos. En el esfuerzo de creación de la nueva narrativa colaboraron escritores, periodistas, criminólogos, pedagogos y profesionales de la salud mental. Aparecen los golfos, la mala vida, los barrios negros, y toda una serie de frescos sociales dibujados de arriba abajo que vienen a resituar a las clases populares.

Foto del barrio de Peñuelas hacia 1900 | Archivo general de la Administración

Foto del barrio de Peñuelas hacia 1900 | Archivo general de la Administración

El nuevo discurso ponía en el punto de mira a hombres y mujeres que, sin ser considerados necesariamente delincuentes según el código penal, parecen llevar la semilla del delito con ellos, sobre todo si desarrollan su vida al margen del sistema productivo:

Son los criminales, las prostitutas, los mendigos, los golfos y perdidos de toda
especie, la gente que se ampara y reúne en esta clase, tipos heterogéneos y
proteiformes que, desprendidos por virtud de un proceso de degeneración
del organismo social, viven parasitariamente sobre éste, ya perseguidos como
enemigos, ya tolerados como comensales, ya en ciertas relaciones de mutualidad

(Bernaldo de Quirós y Llanas Aguilaniedo )

Uno de los grupos sobre los que, como hoy, cae el discurso criminalizador con más contundencia es la juventud improductiva y perteneciente a las clases trabajadoras. Aunque ahora nos parezca un término castellano de honda raigambre, golfo es un neologismo nacido en este contexto, el chaval habitante de la mala vida. Golfo aparece por primera vez en el diccionario de la RAE en la edición de 1914, definido como ‘‘pilluelo, vagabundo, embaucador’’, remitiendo a un origen probable en el vocablo golfín (ladrón que generalmente iba con otros en cuadrilla). La primera vez que se tiene noticia del uso del término es en un artículo de Pío Baroja, publicado en La Voz de Guipuzcua en 1897. Posteriormente, Baroja escribiría, en 1900, Patología del Golfo:

…microbio de la vida social; echa sus ideas y sus actos disolventes en el
organismo de la sociedad; si ésta tiene salud, fuerza y resistencia, el microbio no
prospera; donde la vitalidad está perdida, el microbio se descompone y sus
toxinas penetran hasta el corazón del cuerpo social. Peligrosidad social aparece: a veces peor considerada que la misma delincuencia en tanto en cuanto podía ‘‘deslizarse’’ por el tejido social, impregnándolo.

En su versión femenina la voz golfa, como ahora, siempre se escribe o dice con connotaciones sexuales y peyorativas.

La mala vida en Madrid. Estudio psico-sociológico con dibujos y fotograbados del natural

La mala vida en Madrid. Estudio psico-sociológico con dibujos y fotograbados del natural

Pero la figura del golfo y del golfillo pronto se tratará como una patología, con la inestimable ayuda de la psiquiatría. Hay en España dos obras cumbre, por su influencia, para la construcción del discurso del niño degenerado: Estudio médico-social del niño golfo de José Sanchís Banús y Los niños mentalmente anormales de Gonzalo Rodríguez Lafora. Sus pilares teóricos son el higienismo, con su inseparable carga moral, y el determinismo positivista lombrossiano. Unen los supuestos procesos de degeneración física y moral, creando el estigma en la imagen de las clases populares.

José Sanchis Banús, tras estudiar una serie de cincuenta niños golfos, llega a la conclusión de que hay un alto porcentaje de imbéciles, creando clasificaciones médicas como anormalidad y locura moral. Para llegar a estas conclusiones se basa en experiencias anteriores llevadas a cabo en Francia, estudiando las medidas antropométricas de estos niños (tales como el tamaño del cráneo) y estableciendo relaciones “científicas” con el delito. Esta patologización de los comportamientos irá planteando las posibles vías de la regeneración: cárcel, manicomio y correccional.

Una vez se hubo definido la patología no tardaron en emerger las instituciones. La Escuela Central de Reforma de Alcalá de Henares, fundada en 1901, fue la primera
institución oficial destinada en España a la reforma y corrección de los niños
delincuentes. Pronto aparecieron otras, públicas y privadas. Estos establecimientos se miran en colonias agrícolas que proliferaban en Estados Unidos y Francia, y en su seno muchos niños y niñas recluidas fueron estudiados por médicos y psiquiátricas, en su afán por poner en relación sus medidas con la idiocia y la degeneración. Al tiempo que se reafirmaba el discurso en gestación y se trataba de reintegrar a los jóvenes al mundo laboral, se reforzaba la noción jerarquizada de la sociedad y la sumisión de las clases menos dóciles.

Aparecieron, simultáneamente, los estudios sobre la llamada mala vida en el marco de la criminología. Esta ciencia fue ganando presencia en una sociedad urbana en la que el crimen se convierte en uno de los grandes temas de la cultura. Es el momento de los primeros crímenes mediáticos, como el Crimen de la calle Fuencarral, cuya cobertura hiciera Galdós.

En 1898 se publica La mala vita a Roma de Alfredo Niceforo y Scipio
Sighele. En 1901, siguiendo su estela, Constancio Bernaldo de Quirós y José María Llanas Aguilaniedo publicaron La mala vida en Madrid, un auténtico bestseller en la época. En 1912 el pedagogo Max-Bembo, pseudónimo de José Ruiz Rodríguez, publicaba La mala vida en Barcelona.

Grupos marginales como prostitutas, homosexuales, mendigos,
vagabundos, estafadores, golfos, gitanos, sanadores, echadoras de cartas y hechiceras, fueron el objeto de estudio y los portadores del estigma de la mala vida, en contraposición al buen ciudadano y al trabajador. En el campo femenino, la acusación moral se centró en colectivos como las prostitutas y las lesbianas, aunque se extendió la sospecha al resto de mujeres de los barrios bajos, lugar de donde procedían la gran mayoría de sujetos a estudio.

Las fotografías y los pies de foto que ilustraban estas obras buscaban trasladar a la opinión pública biempensante la postal del horror del ideario degeneracionista que estaban creando: cuatrero, prostituta, delincuente, mendigo alcoholista, descuidero, uranista, invertido, rufián homicida, son algunas de las leyendas con que se aderezaban las imágenes.

El empleo de la fotografía como canal de creación de una imagen acusadora que, como veremos, tendrá en la prensa un canal privilegiado, puede conectarse fácilmente con el uso que se hace hoy de la televisión a parecidos efectos.

La ciudad era para los criminólogos el espacio natural donde se desarrollaba la mala vida y los barrios eminentemente obreros el epicentro de la geografía urbana del mal, que amenazaba al resto del cuerpo social y a la ciudad burguesa. Los mismos barrios bajos con los que han vivido episodios más importantes de organización obrera en Madrid durante el siglo XIX, como los relacionados con las cigarreras de la fábrica de Embajadores. En La mala vida en Madrid se habla sobre todo de los distritos de Hospital, la Latina y la Inclusa, y de cómo sus habitantes –los malvivientes– se desplazaban por las noches, como una horda, hacia el centro de la ciudad.
Mirado desde el otro lado, los habitantes de los barrios de la mala vida (barrios negros, también se los denominó) se sentían seguros al abrigo de las redes de solidaridad y los lugares de reunión de su territorio, que tan peligroso se aparecía a la opinión pública.

La medicalización del discurso, con el higienismo como punta de lanza, se extiende a la concepción de los espacios. El higienismo predica una relación directa entre la salud y las condiciones del espacio urbano y, de acuerdo con las nuevas directrices de la medicina, que empieza a contemplar la prevención antes que la curación, se crean mapas de la ciudad que señalan los focos de infección. Se hace uso de la herramienta estadística, también en auge.

La topografía socio-médica más importante de la época para Madrid es la de Phillip Hauser, pero este tipo de estudios proliferaron para todas las ciudades. Una vez más, los focos miasmáticos aparecían ideológicamente vinculados con la constitución moral de la comunidad. En el texto de Hauser es frecuente leer, referido a las casas de vecindad, el término focos de infección, o prestar atención al alcoholismo y la prostitución como causas.

Literatos como Baroja también llevan el pensamiento de la degeneración y la regeneración social a las páginas de algunas de sus novelas más conocidas. Así, por ejemplo, en esa disección de la mala vida que es La lucha por la vida, acaba haciendo que su protagonista, Manuel, se sobreponga a su destino, volviendo a la senda de la ética burguesa. Sin embargo, el resto de golfillos compañeros de andanzas conocerán la degradación más profunda. Estos golfillos llevarán los ecos de Lombrosso, y las ideas biodeterministas a las que nos hemos referido al planeta de la alta prosa:

Su cráneo estrecho, su mandíbula fuerte, su morro, la mirada torva, le daban aspecto de brutalidad y animalidad repelentes

El periodismo contribuyó a la creación del estigma de las clases populares y de los barrios bajos con lo que algún autor ha llamado periodismo del cólera. Descripciones que abundan en grabados y fotografías, entre lo sensacionalista y lo etnográfico, convenientemente sostenidas por opiniones expertas. Curiosamente, estos periodistas parecen pasearse libremente por lugares que seguidamente describirán como parajes horrendos y tremendamente peligrosos. Un periodista de pretensiones científicas y prejuicio constante.

En prensa en 1924

En prensa en 1924

Estos reporteros, que se presentan disfrazados en los barrios bajos en un ejercicio de sensacionalismo simpar, son también la correa de transmisión de una pulsión paradójica que aqueja a la sociedad burguesa del momento. El nuevo espacio de transgresión en el que se ha convertido la calle se aparece simultáneamente como un lugar que genera miedo y atracción. De igual manera que las damas francesas, dicen las crónicas, escapaban a los arrabales parisinos al encuentro de las peligrosas bandas de Apaches, también la burguesía madrileña sentía curiosidad por el envés del relato creado alrededor de las clases bajas, y su forma de vida peligrosa, comunitaria y carnal.

Probablemente lo mismo que les repugnaba moralmente les atraía:

Viviendo y durmiendo en la promiscuidad, es maravilla que el adulterio y el incesto no sean más frecuentes de lo que son, con serlo mucho más de lo que se cree generalmente. Y duermen en la misma cama como comen en la misma mesa; hasta que una noche, el hombre, despertado en el orgasmo y en estado de semi-inconsciencia, se halla entre los brazos de su hija, de su hermana o de la mujer más próxima, sin sombra de matrimonio, o mezclados con amores homosexuales

(La mala vida en Madrid- Bernaldo de Quirós)

Sobre el Ensanche Sur (continuación de los tradicionales barrios bajos, en lo que hoy sería Arganzuela) publicaba una noticia La Iberia el 26 de Abril de 1860 titulada Los hampones de Madrid, en la que se podía leer:

En estas casas, sobre cuyas puertas se lee el rótulo “despacho de vino”, consentidas por las autoridades de Madrid para posadas nocturnas, los habituales huéspedes que las frecuentan son mendigos, tiradores, randas y gitanos. Es por lo común costumbre entre esta gente, al tiempo que acercarse a tomar el vino, el pago de alquiler de los niños pequeños que han empleado en calles y parajes públicos haciéndoles llorar. Una vez practicados estos vergonzosos contratos, se mezclan y confunden sin distinción de sexo ni edades, improvisando sus matrimonios con las desgraciadas compañeras que les tocan en suerte, o que se encuentran a su lado.

La prensa retrataba con frecuencia reyertas entre pandas juveniles, con piedras, cuchillas de zapatero y – ocasionalmente-, disparos, en las que los jóvenes eran retratados como bárbaros. Sin embargo, los episodios de violencia contra las mujeres, que abundaban en la época, apenas encontraban hueco en las páginas de sucesos.

A menudo, el clima de terror social que planeaba sobre los barrios bajos provocaba situaciones de pánico social totalmente infundadas. En 1870 se produjo la desaparición de una niña en calle Gorguera (actual Núñez de Arce), junto a la Puerta del Sol. Al día siguiente de publicarse la noticia un hombre fue arrastrado por una multitud en el barrio de Peñuelas, acusado de intentar secuestrar a una niña. Pronto una multitud, junto a la Alcaldía, afirmaba que un grupo de franceses había secuestrado a 23 niñas. Ante el pánico generalizado, las autoridades tuvieron que aclarar que eran todo bulos. El hecho es que algo que había ocurrido en el centro de la ciudad, automáticamente se había trasladado en el imaginario de los madrileños a los barrios bajos.

Hoy podemos encontrar los ecos de aquella criminalización socio-espacial sin movernos de las mismas calles. La zona de Lavapiés (antiguos barrios bajos, desde época incluso anterior a la que nos hemos referido) son una obsesión para Delegación de gobierno en Madrid y la policía. Se trata, también ahora, de un ámbito donde abundan las redes contestarías y los madrileños caracterizados como portadores de la semilla del peligro: los inmigrantes.

La presencia policial en Lavapiés es considerablemente superior a la de otros barrios del distrito Centro, con operativos policiales especiales y continuas redadas contra vecinos de origen extranjero, a pesar de que, según recuerdan con frecuencia asociaciones que operan en el barrio, las tasas de criminalidad no son superiores a las del resto de barrios de la ciudad. Lavapiés fue también el laboratorio de la video vigilancia en la ciudad.

Sin embargo, el estigma de la peligrosidad y la conducta asocial abunda especialmente en el extrarradio madrileño, no en la periurbanización de los PAUs para la clase media sino, sobre todo, en la vieja periferia industrial. En el periódico en el que trabajo, centrado en el barrio de Malasaña, algunos lectores tienen auténtica obsesión con las pintadas de las paredes. Entre los comentarios que dejan son frecuentes las alusiones a la gente del extrarradio ( concretamente de Móstoles, Fuenlabrada, etc.) que “vienen por las noches al centro a ensuciar sus calles ¡Que se queden en sus barrios!”.

Fotograma de Hermano Mayor

Fotograma de Hermano Mayor

Los periodistas nunca dejaron de entrar disfrazados en los barrios bajos, y las clases populares han seguido, hasta hoy, ofreciendo una imagen construida desde arriba, a medio camino entre la recriminación moral –del nini, el cani, el bakala, la choni o el quinqui– y la fascinación exótica. Tal fue el caso de la cultura quinqui en los ochenta. Numerosos delincuentes juveniles de la época fueron tratados como auténticas celebridades por la prensa, que vendía sus intimidades a la vez que moralizaba sobre sus actitudes sin tratar de explicar los motivos de su situación.

Sin embargo, la gran pantalla para la construcción de la imagen estigmatizada del pobre es posiblemente hoy la televisión, que ha cogido el relevo de aquella primitiva fotografía como arsenal para la construcción del discurso. Programas como Hermano mayor, que muestra a jóvenes de barrios populares como si fueran bestias entrando al redil tras la oportuna dosis de civilización, ayudan a fomentarla. Algo parecido sucede con un programa, cuyo nombre no recuerdo, en el que la policía nacional se movía por calles de ladrillo rojo y desgastado, inequívocamente populares, en busca de borrachines y pequeños delincuentes. Todos pobres, muchos migrantes y jóvenes. Curiosamente, algunas de las mayores peleas entre borrachos las he presenciado a la entrada de discotecas caras, pero nunca he podido verlo reflejado en este programa, como tampoco la detención de un criminal de traje y corbata. La cuestión ha salido últimamente a relucir a raíz del Chavs, la demonización de la clase obrera, de Owen Jones, que habla en su libro acerca de esta pornografía de la pobreza. El periodista Ignacio Pato, ha tratado extensamente el tema y extiende el prejuicio construido de arriba hacia abajo, incluso, a los grupos activistas:

Convertidos en carne de cañón de un sistema que los utiliza para obtener un beneficio del que nunca serán partícipes, toda una generación de jóvenes trabajadoras y trabajadores sin contrato, con contrato por horas o en paro. es todavía asaeteada con llamadas a su “politización” forzosa. Acusados de desmovilización, desmotivación y un estilo de vida consumista tan lejos del modelo del esfuerzo capitalista como de la presunta (y oxidada) ética de la militancia izquierdista, son, en el mejor de los casos, ignorados como actores políticos. ¿Y si el 15M hubiera estado formado mayoritariamente por estas chicas y chicos?

Hoy, probablemente, los mecanismos de preeminencia social hacia las clases medias y altas en los sistemas educativos, punitivos o médicos están tan asentados que nos es complicado desgranarlos como hemos tratado de hacer con el tránsito del XIX al XX. Sin perder de vista ejemplos clásicos de reclusión como los CIEs o los centros de menores, a menudo son más sutiles y están más zurcidos a nuestros propios esquemas culturales también, mecanismos como la telerealidad, que nos sigue enseñando la idiocia de los malvivientes en versiones mejoradas de periodismo del cólera. Los grupos segregados en sus barrios segregados sirven a los efectos de servir de contrapunto a esa versión que vino a pisar a la vieja ética burguesa: la ideología de la clase media, apuntalando, como siempre, la dominación a través de la culpabilización moral de las pandillas del andén.

BIBLIOGRAFÍA

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Albarrán, F. V. (2014). Barrios Negros, Barrios Pintorescos. Realidad e imaginario social del submundo madrileño (1860-1930). Hispania Nova: Revista de historia contemporánea, (12), 2–30.
Bernaldo de Quirós, C. (1997). La mala vida en Madrid: estudio psicosociológico con dibujos y fotografías del natural. Huesca; Zaragoza: Instituto de Estudios Altoaragoneses; Egido Editorial.

Campos, R. (2009). La clasificación de lo difuso: el concepto de «mala vida» en la literatura criminológica de cambio de siglo. Journal of Spanish Cultural Studies, 10(4), 399–422.

Cañedo Rodríguez, M. (2012). La ciudad medicalizada: epidemias, doctores y barrios bajos en el Madrid moderno. Journal of Spanish Cultural Studies, 13(4), 372–407.

Clasismo Shore | Periódico Diagonal. (s. f.). Recuperado 15 de julio de 2015, a partir de https://www.diagonalperiodico.net/culturas/23240-clasismo-shore.html

Huertas García-Alejo, R., & others. (1998). Niños degenerados: medicina mental y« regeneracionismo» en la España del cambio de siglo. Dynamis: Acta hispanica ad medicinae scientiarumque historiam illustrandam, (18), 157–180.

Huertas, R. (2009). LOS NIÑOS DE LA «MALA VIDA»: LA PATOLOGÍA DEL «GOLFO» EN LA ESPAÑA DE ENTRESIGLOS. Journal of Spanish Cultural Studies, 10(4), 423–440.
Jones, O. P., & Jauregui, Í. (2012). Chavs: La demonización de la clase obrera. Capitán Swing.

Kung-Fu, el de La banda del Kung-Fu

La banda del Kung-Fu siempre había sido para mí un ente imaginario en una canción de Sabina. “Botas altas, cazadoras de cuero, / con chapas de Sex Pistols y los Who, / silbando salen de sus agujeros / los pavos de la banda del Kung Fu…” Hasta que un día, hace unos años, escuché hablar de ella al hermano mayor de mi pareja, “recuerdo la Canillejas de aquellos años, con la banda del Kung-Fu y todo” ¡La banda era real! Existía al menos, real no sé, porque si algo debe tener en cuenta un historiador es que la versión de la prensa escrita sobre las clases populares acostumbra a ser una imagen construida. Hecha con retazos de realidad, y esto quiere decir que existían, vaya si existían. Y las liaban pardas.

Quien daba nombre a la banda era Pedro Alcántara, un mocetón al que todos llamaban Kung-Fu porque, según alguna versión que he leído, de pequeño solía ir descalzo como Carradine en la  serie. En realidad, el mote fue relativamente común en la época por el éxito televisivo: así apodaron a un boxeador o a un etarra. Pedro, hijo de una pareja de inmigrantes jienenses con seis hijos en la Canillejas de los sesenta, apenas pasó por el colegio y se crió subido al carro de los traperos del barrio. Más tarde viviría en San Blas. Le detuvieron por primera vez con 11, años y el mismo día que cumplió 14 la policía tiroteó el coche robado que conducía, dejándole la boca desencajada y las cuerdas vocales hechas trizas, lo que le conferirá de por vida una singular estampa. Su compañero de tropelías no corrió mejor suerte: quedó ciego.

El primer rastro del Kung-Fu que he encontrado en prensa data de enero de 1979 (ABC, 10-1-79, pg.37). A propósito del secuestro de un niño y de un siniestro personaje, un tal Sargento, que explotaba menores de San Blas, poniéndoles a pedir en el metro o en las cafeterías elegantes de Madrid, aparece Pedro Alcántara Ruiz Kung-Fu, al que ya se tilda de delincuente habitual. El diario equivoca la edad de Kung-Fu, al que atribuye 17 años (no contaba ni 14), algo que posiblemente viene dado por la justificación policial de las detenciones que, según la misma noticia, ya ha experimentado. El periódico explica que Kung –Fu acostumbraba a convencer a menores de entre 11 y 13 años para que pasaran varios días “de aventuras” con él, lo que no cuadra con la aseveración de la propia noticia de que tenía “sus facultades mentales algo disminuidas”

Cuando en noviembre de 1980 (ABC, 11-12-80, pg. 49) la policía de Carabanchel detuvo a El Nini, El Quiqui, El Javi, El Julito, El Niño y El Toni, todos ellos de quince años, sus padres no quisieron saber nada de ellos. El periódico aprovecha para equiparar el caso a la figura del Kung-Fu, lo que indica que hablamos de un delincuente de cierto nombre en las redacciones de sucesos. El rotativo no desaprovecha la ocasión para citar opiniones de un Congreso sobre delincuencia juvenil que incidían en la necesidad de encerrar a estos menores en centros más seguros que los correccionales de la época.

En 1983 (15-3-83, pg. 41) ABC da cuenta de las andanzas de la Banda del Kung-Fu en la Alameda de Osuna,  barrio residencial limítrofe con sus dominios. Según el periódico, los tirones y agresiones de los muchachos del Kung Fu ocasionaron la organización de patrullas vecinales “armados de palos y objetos contundentes”.

Volvemos a toparnos con el Kung-Fu en prensa en 1985. El diario Mediterráneo (1985, Noviembre, pg. 27) informa de que una banda de jóvenes llevaba años atemorizando a los estudiantes y profesores de los colegios e institutos de San Blas. Robar el peluco y la chupa a punta de navaja, y a la salida de clase : un clásico que los que fuimos al colegio durante los ochenta recordamos bien. Pues bien, uno de los atracadores era, al parecer, el hermano pequeño del Kung-Fu, quien la nota aclara estaba en ese momento en prisión.

En mayo de 1986 (El País, 30-5-86) Kung-Fu debía haber salido de la cárcel…puesto que fue de nuevo detenido, acusado de cometer cinco atracos en los barrios de Ventas y Buenavista. Las víctimas describieron al atracador con una gran cicatriz en el rostro, lo que rápidamente hizo pensar en Kung Fu, sin embargo, fue puesto en libertad sin cargos. “Debo ser un dios, porque estoy en todos los lados al mismo tiempo, todos los comerciantes me ven a mí en los atracos”, declaró al periódico. No era la primera vez que su fama y sus cicatrices le habían endosado  un crimen que no había cometido. Ya en 1984 (El País, 10-05-84) fue arrestado por el asesinato de Antonia Clavero de la Iglesia, de 74 años, que en diciembre de 1983 fue encontrada muerta en su domicilio con 64 puñaladas. Posteriormente se encontró a los verdaderos asesinos. En una entrevista, en 1980, ante la extrañeza de sus padres por no haber visto nunca un duro de los numerosos atracos que le colgaban a Kung-Fu (alguno en Barcelona o Guadalajara), éste decía  “se lo gasta la policía en cubalibres”.

La mejor semblanza sobre un Kung-Fu aún niño la deja un amplio reportaje de Ángeles García en El País (El País, 18-05-80) en el que su familia, poco después de una detención llevada a cabo tras una persecución de 20 kilómetros a más de 120 km/h por las calles de Madrid, parece reclamar ayuda a quien quiera escuchar. Kung-Fu, sentado en el sofá de casa, sin casi poder articular palabra por las heridas de la garganta, asiente ante el relato de una madre que parece sobreprotectora –aún baña al angelito de Kung-Fu- y un padre desdeñoso con su hijo “el tontito”. En el artículo se insiste en que Pedro es un “niño límite”, aunque lo que parece desprenderse del relato es que podía haber tenido dificultades de aprendizaje, así como el interés de sus padres en mostrar a Kung-Fu como un pobre demente del que los muchachos mayores abusaban para que condujera –en esto era el mejor- y se autoinculpara. El sólo quiere ser mecánico. No pueden pagar un colegio especial. Reciben 3.000 pesetas de pensión del Montepío por la deficiencia del muchacho y son más pobres que las ratas. La vida.

Nada sé del final o el posterior destino de Kung-Fu o ¿ya Pedro? Sólo he encontrado una referencia en el blog de Paco Gómez Escribano en la que, recordando su infancia en Canillejas, refiere brevemente que murió en un penal de Cádiz, punto que no tengo forma de comprobar.

Poblados de absorción, barracones de extrarradio y lodazales dejaron un Madrid áspero en el que creció la movilización vecinal junto al desarraigo quinqui. Distintas formas de solidaridad y asociacionismo, hijos de la misma atmósfera. Los tiempos de jeringuillas, robos de SEAT 127 por micos cuyas cabezas apenas asomaban por el parabrisas, y palizas inmisericordes en comisaría, han llegado transportados por cierta cultura popular –o de lo popular- en forma de cine quinqui, rumba de Caño Roto o una crónica periodística que, en el momento, trató a aquellos chiquillos como estrellas mediáticas. La revista Interviú sacó fotos “íntimas” de El Chocolate y su pareja y se hicieron fotonovelas sobre las andanzas de El Vaquilla. Estrellas de usar y tirar que no eran más que el reflejo de otros tantos chavales. Todos con mote, muchos muertos. El mito del delincuente de buen corazón, probablemente, refleja la comprensión popular ante lo que la vía quinqui tenía de ruta natural para muchos jóvenes de San Blas, Orcasitas, Villaverde, Carabanchel, Pan Bendito, Torrejón de Ardoz, Fuenlabrada, Alcorcón o Móstoles. Eran también, para muchos, uno de los nuestos. El interés morboso de cierta prensa, de otro lado, recuerda la mirada decimonónica sobre el pobre como ser promiscuo, de poca capacidad intelectual, culpable, en cierto modo, de su propia miseria. Un doblez entre el desdén moral de clase y la atracción secreta por la vida desordenada de las clases bajas que reedita las viejas contradicciones de la burguesía urbana.

El Kung-Fu, seguramente, fuera un tío demasiado feo para salir en portadas o protagonizar películas, por lo que cuentan las crónicas. Sabina hizo una canción a su banda sin mencionarle, su rastro se pierde en las hemerotecas. “Desde el suburbio, cuando el sol se va, / a lomos del hastío y la ansiedad / vendrán buscando bronca a la ciudad”.

Esto no va de Zapata

15 de junio. Siete horas de alegría y unas cuantas más de tensión después de la proclamación de Manuela Carmena como alcaldesa de Madrid. Nadie habla de las medidas de urgencia que se quieren poner en marcha  para poner dique a la situación de emergencia social. Esas sí que las tendríamos que escrutar. Los hechos: unos tuits de hace cuatro años que contenían chistes racistas y de mal gusto, en el contexto de una conversación más amplia sobre los límites del humor negro ocasionada por el despido de Nacho Vigalondo de El País. Chistes glosados, que no afirmados como opinión, y quizá algún que otro chascarrillo también sacado de contexto de entre los 50.000 tuits que ha publicado durante estos años Guillermo Zapata. De 2011. Por todo  Zapata ha pedido perdón en reiteradas ocasiones ya. Vamos, no sé, algo así como si nuestro presidente del gobierno hubiera publicado en prensa artículos racistas.

No hablo desde la amistad, porque sencillamente Zapata y yo no somos amigos, pero sí, creo, desde el conocimiento. En 2006 le entrevisté para una página de cine de internet con la que colaboraba por un cortometraje que, gracias a usar una licencia CC abierta -mucho menos habitual entonces que hoy- se había convertido en el vídeo español más visto nunca en YouTube. Desde entonces le he seguido en los distintos blogs y proyectos en los que se ha embarcado. Zapata ha sido una voz habitual en distintos ámbitos en los que he participado o, al menos, sobre los que me he interesado: en la Cultura Libre, en los movimientos sociales (antes y después del 15M) o en El Patio Maravillas (que he seguido de cerca por mi actividad durante años en Somos Malasaña). Son muchas las veces, también, que he disentido de las opiniones de Guillermo, y hemos discutido en alguna ocasión a través de twitter. Ríos de letras suyas leídas, en ámbitos formales e informales, montoneras de palabras escuchadas -y mira que el tío habla- me sirven para no necesitar que decidan por mí si es una persona racista o no. Esto ya lo sé: es una persona que lucha contra el racismo.

Uno cree que ya no le sorprende nada, y sin embargo, va por ahí poniendo cara de estupefacción a cada momento. Y que dure, porque los niveles de cinismo que hacen falta para cargar con un gesto plácido con la que cae no son para el que escribe.

Me sorprende que estos días he leído en muchas conversaciones, más o menos privadas y públicas, con gente desconocida y de confianza, frases similares a esta: “yo no creo que Zapata sea racista, pero eso no se puede poner en redes sociales, no es lo mismo que ponerlo en un grupo de whatssupp”. Me sorprende que no sea importante lo que se es sino lo que se enseña.

Me sorprende (aún) que muchos periodistas participen de una rendición incondicional ante aquello que deberían defender con más ahínco: la capacidad para diferenciar los distintos niveles del discurso. Son ellos los que deberían dar contexto, no sacar de contexto ; quienes deberían ayudar a visualizar la película de cómo se dijeron aquellas cosas, no a ocultarlo ; los que deberían hacer pedagogía de lo que es un ejemplo en un relato más amplio, lo que es una cita, lo que se inserta en el ámbito de un debate sobre los límites del humor o pertenece a una conversación en tono informal en una red social que en 2011 muchos usábamos -erróneamente o no- antes para hablar con amigos que como medio de difusión institucional.

No me sorprende la evidente desproporción con que la caverna, entendida como grupo de empresas de información con lazos con los partidos políticos (y voy a incluir, sí, a El País), ha tratado el tema. La estrategia de la tensión va a ir a más, esto es sólo e principio. Pero me sorprende sí, y mucho, detectar entornos de Ahora Madrid entrando a la provocación y ayudando a dar dimensión a una trampa cuya perversidad reside precisamente en la desproporción.

Me sorprende que la mayoría de la gente no se plantee la razón de que los primeros ataques hayan ido dirigidos hacia personas que provienen del núcleo del 15M antes que de partidos políticos, y concretamente en el caso de Zapata contra Ganemos, el ámbito generador de lo que Ahora Madrid tiene de partido-movimiento. Que se haya sido más decididamente inmisericorde con ellos que con las decenas de políticos que hacen declaraciones fuera de tono cada día, y durante el ejercicio en activo de su actividad como políticos profesionales. Esto también va un poco de eso: denuncia del intrusismo, del atrevimiento y de desarticulación de las formas políticas más peligrosas para el statu quo.

Me sorprende, y mucho, que Manuela Carmena haya dado a entender que tenía que meditar la expulsión de Zapata ¿Puede Manuela Carmena Carmena hacer esto en el contexto de Ahora Madrid? ¿No deben ser los revocatorios colectivos de igual manera que fuimos nosotros quienes elegimos a Zapata?

Me sorprende también que durante años hayamos pasado por alto, aún sabiéndolo pefectamente, que estábamos bailando sobre el filo al hacer un uso de redes privativas y masivamente expuestas. Postergando un debate que nos sabemos al dedillo desde hace años y eligiendo el impacto inmediato y amplio. Lo asumo como una paradoja forzada por los tiempos, pero también como algo en lo que hemos fallado.

Me sorprende, en fin, que esos cuatro tuits sean los que nos caigan sobre la cabeza, tan pronto, como un jarro de agua fría, recordándonos que toda la legislatura estará bajo el escrutinio directo del PSOE ¿Qué políticas transformadoras se podrán llevar a cabo en esas condiciones?

Me sorprende que siendo como se pretende Ahora Madrid traído por la corriente del 15M puedan olvidar que si nos tocan a una nos tocan a todas, no entendido, por su puesto, como cierre en banda contra la responsabilidad individual, sino como cuidado común contra los manotazos sobre la mesa , y esto lo es, que caen sobre nuestras cabezas desde arriba.

Viajar por la hemeroteca con inesperados bandoleros rusos

En ocasiones, uno va buscando trigo y se encuentra una canica brillante entre las espigas. Y son hallazgos felices. Algo así me sucedió el otro día mirando periódicos de época para algo que no viene al caso. Encontré entonces la interesante historia del bandolero ruso Kroukowki. En La República las noticias del 9 de diciembre de 1890 versaban sobre la derrota electoral de los conservadores en Madrid, se anunciaban en gran tamaño Las Aguas de Carabaña, que parecía ser un bebedizo purgante…y aparecía una pintoresca crónica internacional, que a pesar de parecer adornada por mantos de romanticismo, o precisamente por ello, se antoja hoy más atemporal: la de Un bandolero “fin de siglo”.

La duplicidad de noticias literales no son un mal de nuestro tiempo, y el relato aparece tal cual en otros medios por aquellos días, como en El Mendo (Diario de Betanzos), El Heraldo de Madrid o el Diario de Avisos. Es posible encontrar la historia idéntica –con los mismos epígrafes y texto- en la prensa francesa. He podido encontrar Brigand “fin de siècle”, en el diario Le matin, publicado sólo cinco días antes que en La República y una versión más del 3 de diciembre en Journal de l’Ain. Aún he podido detectar el texto en otro diario francés, Journal de Senlis, curiosamente después de haberse traducido ya al español (el 11 de diciembre)

¿Es la historia de Kroukowki sólo propaganda? Probablemente, pero el relato me pareció interesante en sí mismo y su repetición en los periódicos del XIX también.

Ahora, pasen y lean la historia de Un Fra Diavolo russe (*titular de Journal de Senlis)

Acaba de ser juzgado en Sontik (Polonia), un curioso
proceso, que ha despertado grandísimo interés en toda la
Rusia, porque encarna un hecho inaudito, inverosimil al
final del siglo diez y nueve.

El hombre que ha comparecido ante los jueces es una especie
de Fra Diavolo, ruso, cuyas aventuras son en extremo
dramáticas.

Kroukowki, este es su nombre, es un hidalgo ruso, que a
la cabeza de una partida de bandoleros, saqueaba impunemente,
desde hada muchos años, las comarcas de Volhynie.
Hijo de padres muy ricos, dueño de propiedades inmensas
en la provincia de Padoesk, hubo de recibir una educación
excelente; hablaba francés como un parisiense, y durante
sus viajes, muy frecuentes, se detenía con predilección en
París, donde visitaba varias casas de la más alta aristocracia
francesa.

PRIMERAS HAZAÑAS

Por el año de 1881 llevó tal existencia, precisamente en
París, y arrojó de tal modo y con tanta largueza el dinero
por las ventanas, que se le vio el fondo á su caja y hubo temores
de una ruina inmediata.

Sin embargo, para cualquiera otra persona los restos de
esta magnífica fortuna hubieran constituido un pasar bastante
aceptable.

Pero Kroukowki no podía vivir con estos recursos.
Organizó entonces una partida de bandoleros, cuyos primeros
campeones fueron sus propios cocheros, sus criados
y algunos capataces de sus propiedades. fueronse a Kejeff,
donde comentaron a saquear los castillos de los ricos y de
los nobles.

Poco tiempo después, esta partida fue perseguida por las
tropas rusas, acorralándola cerca de la ciudad de Potschajeff.
Más tarde se estrechó el circulo de acción de los bandoleros.
Cuando los soldados avanzaron en buen orden
para poner las manos sobre ellos, encontráronse con que el
jefe habla desaparecido. Recordaron entonces que un viejo
mendigo, encorbado por los años, había atravesado la línea de los soldados pidiéndoles limosna.

El mendigo era Kroukowki.

Transcurrieron dos años sin que nadie oyese hablar de él,
cuando de repente apareció a la cabeza de una nueva partida
formada en Galicia (Austria), y sus hazañas empezaron con
más fuerza.

Hay que decir que Kroukowki no asesinaba jamás, como
se ha probado en el proceso; así es que tenía muchos amigos entre los campesinos, a quienes no hacía nunca daño,
antes les daba dinero, circunstancia que hacia muy difícil
su captura porque los aldeanos le protegían de toda asechanza
enemiga

AUDAZ EVASIÓN

Además, Kroukowki era muy audaz, y no le arredraba
ir a pasearse en plena calle por las poblaciones de Lontsk
o de Doubmo.

Cierto dia, los gendarmes recibieron aviso de que el célebre
bandolero debía pasar la noche en un albergue vecino
de la aldea de Kevertki; son inmediatamente llamadas las
tropas; pónese en marcha toda la fuerza militar disponible,
y cercan el albergue, cuyas salidas estaban custodiadas con
cuidado.

De repente, un oficial ruso, vestido de uniforme de gala,
sale de la hospedería, llama a su lado al jefe de los gendarmes,
le pide noticias del director de policía, y le entrega
para él una tarjeta. Luego, el oficial prosigue su marcha
tranquilamente, después de haber respondido a los honores
que le hacían los soldados.

El jefe de los gendarmes fue a llevar la tarjeta al director
de policía, quien leyó estas palabras escritas en francés:
“Kroukowki, capitán de ladrones, saluda al director de policía”.

El desgraciado oficial de gendarmería perdió sus grados
por haberse dejado burlar de aquel modo.

EL RAPTO DE DOS MUJERES

Con frecuencia el audaz bandolero, imitando en esto a
otros bandidos italianos y españoles, secuestraba a los más
ricos propietarios de la comarca, y no les devolvía la libertad
sino a cambio de un fuerte rescate.

Hace dos años, próximamente, robó a la princesa D…ja,
ya de edad, que poseía una fortuna considerable. Pidió el
aristócrata bandolero un rescate de 6.000 rublos (2o.ooo
pesetas, próximamente). Los padres de la anciana princesa,
en vez de enviar el dinero, tratataron de enviar al bandido
soldados y gendarmes; pero fue empresa perdida. Entretanto,
Kroukowki había obligado a su prisionera a una dieta
tal, que la desgraciada, habiendo tenido que ir todos los
afios a Carlsbad para combatir su obesidad, se encontró, en
tres semanas, flaca como un esqueleto; entonces los padres
se decidieron á pagar la suma pedida.

Algunos meses después, Kroukowki se apoderó de una
joven de diez y siete años, cuyo padre ocupa uno de los más
altos cargos en Rusia. Cuando el dinero exigido fue enviado
al bandolero y la joven fue devuelta á sus padres, éstos notaron,
desesperados, que su pobre hija estaba en cinta.

El padre propuso entonces a Kroukowki darle por esposa
a la desdichada joven, asegurándole la impunidad si quería
volver al buen camino; pero el bandolero rehusó enérgicamente
esta brillantes oferta, y todo porque estaba locamente
enamorado de la hija de un pobre campesino.

Este amor es lo que le ha perdido.

AMOR QUE MATA

Una noche la policía tuvo conocimiento de una entrevista
entre el capitán de ladrones y su novia. Soldados, gendarmes
y cosacos fueron enviados a aquel sitio, y después de una
luecha encamizada, Kroukowki quedó preso en manos de los
soldados, que le ataron sólidamente y le metieron en la
cárcel.

El día del juicio, éste hombre audaz ha sido condenado
a trabajos forzados a perpetuidad (cadena perpetua). Será
enviado á la isla de Sakalina, en Siberia, y quedará encadenado
para el resto de su vida en las minas de oro, de donde
no se vuelve jamás.

El recurso de petición de gracia que dirigió el propio al
zar, no ha tenido repuesta, y Kroukowki formará parte del
primer envío de presidiarios que se haga.

Entre los campesinos se ha formado una leyenda, relativa
a este singular bandolero. Los aldeanos deploran su prisión,
pues, en el fondo, este bandido era más dulce con los infelices
labriegos que la mayoría de los señores, que hacen de
ellos sus victimas.

Pues bien; dícese que Kroukowki ha enterrado sus tesoros
en un logar misterioso, cuyo secreto sólo él conoce, y le esperan
volver a aparecer de nuevo próximamente más pujante
y valeroso que nunca.

A la verdad, la historia de este bandolero no parece de
esta época. Sin embargo, el pobre hombre, por muy maravillosa
que haya sido su vida, acaba de ser condenado por
los tribunales de su país como el reo más vulgar del mundo

Contra la seducción

Escuchamos cada día que tenemos que ser capaces de seducir. A nuestros amigos que votan desviadamente, a nuestro conocido que decide abstenerse, a nuestros enemigos políticos para –con ellos- formar una mayoría social de uno u otro signo…

Nos lo dice Manuela y lo ha puesto en práctica Podemos como leiv motiv: Pablo seduce, Monedero también tiene su cuota de atractivo y Errejón se dedica a organizar porque su labia es poco vibrante. Muchos votantes del PP y del PSOE les son fieles aunque se sienten maltratados, y no se atreven a romper una rutina hedionda porque supone reconocer el fracaso de su propio enamoramiento. Otros se dejan engatusar por las maneras suaves de Rivera o el nervio de la Nueva Política que echan de menos en ellos mismos.

Seducir es engañar. Al menos en parte. Una relación basada en la seducción y el embelesamiento no es un contrato en igualdad. Es propio del sistema representativo y es propio de un mundo espectacularizado. Porque el seducido es un espectador.

Convencer no es seducir. Donde un comercial de puerta fría pone arrumacos distantes un buen profesor introduce argumentos. Donde un predicador recurre a la promesa una compañera comparte el aprendizaje.

La representación lleva implícita una contradicción insalvable para quienes entendemos la política como algo cuyo elemento central es el hacerlo entre muchos. La vida diaria es contradictoria y mestiza. Bajamos al barro y subimos a los tejados. Y en esto votamos – a veces, algunos- porque algo habrá que hacer hoy, para ver si cuela esta vez y porque es complicado abstraerse en una representación teatral en la que nos han metido sin nuestro permiso. Es una contradicción insalvable, pero la vadeamos mareados.

Nada es más atrayente que una buena maestra – nuestras dicotomías se complican-, pero nada más decepcionante que descubrir que su tono convincente desaparece al levantarte del pupitre tú y bajar del estado ella.

El domingo fue la hostia: una explosión de sentimientos agitados durante veinticuatro años. Pero éste es un exhorto a los compañeros que pronto estarán trabajando en el Ayuntamiento de Madrid. No tratéis de seducirnos, por favor, tratad de convencernos. Transformación, argumentos y experiencias compartidas. Yo sé que está entre vuestras intenciones, pero intuyo que es fácil rodar por la espiral del lenguaje político. Nosotros, por nuestra parte, seguimos a nuestra bola, que también hay mucho que hacer por aquí fuera. Dispuestos a besaros o poner cara de póker, según transcurra el día, cuando nuestros caminos se crucen.

Calle de Bravo Murillo de Todos sin Ellos

bomberos2

Ayer se celebró el Día del niño en Bravo Murillo. La fiesta tiene muchas cosas que tiran para atrás, como las marcas regalando productos, algunas instancias del Ayuntamiento que no cumplen con la gente proponiendo juegos…la policía haciéndose fotos con los niños.

Julia y Darío se subieron al camión de la basura y les hice una foto. Y eso sí me gustó. Los bomberos, como cada año, llenaron la calle de espuma, consiguiendo que la calle Ávila pareciera una calle nevada del Caribe. Y eso también me gustó.

Mi alma libertaria tira de mí para que odie una fiesta de encuadramiento estatal (a nivel Ayuntamiento), mientras que mi alma popular se lo pasa pipa con la gente invadiendo una de las vías de más tráfico de Madrid. Mi lado más contemporizador disfruta con los servicios públicos que no son de control participando de la fiesta. Mi yo cascarrabias no puede dejar de pensar que estas fiestas –como el carnaval- no son más que refuerzos del sistema a través de la excepción: la calle por un día, la inversión de valores por un día, las mujeres que mandan por un día…para que el resto de días siga siendo lo mismo.

Mis yoes y yo tampoco nos peleamos demasiado, hemos convenido que un año de estos hay que tomar el Día del niño, echar a la policía, subir la música y que lo zancudos y vendedores de globos corten la cinta del Bravo Murillo de Todos Sin Ellos.

Quedan inaugurados los nuevos comentarios ¡conversen en (des)orden!

conversar

Acabo de instalar un plugin para que el sistema de comentarios se gestione a través de GNU Social. Concretamente a través del nodo La Matriz, mantenido por los buenos amigos de Las Indias. ¡Ah! El plugin lo han desarrollado desde dentro, con Manuel a los mandos.

La verdad es que el un blog como éste, minoritario, hace tiempo que los comentarios son sólo una gozosa excentricidad, que llega de tanto en tanto. Creo que esta nueva forma de integrar las conversaciones del blog con las del nodo de GNU-Social La Matriz (que tiene la particularidad de permitir buenas parrafadas en lugar de los habituales 140 caracteres) abre una perspectiva interesante a la conversación.

Una no-defnición para entendernos rápido. GNU Social es una red social similar a twitter libre y distribuida (esto es, podemos conversar desde distintos nodos-servidores). Es mucho más que eso pero puede ser un buen principio. Quizá hayáis oído hablar de ella bajo una de sus manifestaciones, quitter, que hace pocas fechas se puso bastante de moda.

Mi primera impresión es que, pareciéndose a twitter, hablamos de cosas muy diferentes. Quizá no nos valga aún para gritar mensajes, pero nos sirve para que las comunidades podamos reflexionar internamente,

Se admiten comentarios al respecto.

Lo que aprendí de política en el parque no lo aprendí en la universidad

No vale con estar. No vale con pasar, hay que vivir en un parque. Con los colegas y las colegas, con los que no lo son pero también viven allí contigo. En el parque podías aprender, sin ser protagonista de nada, sólo mirando. Podías ser un pringado como yo y dejar de serlo un poco. En el parque confrontabas temores, rebajabas tus humos, reías, crecías, llorabas. Aprendías que la vida sigue cada día muchos caminos diferentes de los que marcan las señales. Y mucha gente los transita. Conocías gente que se curaba al contacto con otra gente, gente que ya no tenía cura pero podía ser acogida, gente refulgir y peña a la que la vida ha pulido cualquier rastro de brillo.

En un parque construyes recuerdos que llevan pegadas canciones de guerra y camaradería. Esas que hoy te pones fregando para oler a tierra fresca. En un parque los raspones escuecen.. En un parque las ventanas vigilan, y encuentras los setos. En un parque aprendes lo que vale una fuente y que la mejor disposición de los bancos no es la que puso el Ayuntamiento, es la que vosotros decidís. Arrancando y plantando el banco de nuevo. En un parque intuyes que las verjas están para ser agujereadas.

En un parque aprendí todo lo que no me querían enseñar en la universidad. Aunque no tardé en encontrar, también allí, compinches de parques. En la universidad quisieron venirme con aquello de la distinción. Ya ves, que estar ahí significaba algo. Quisieron enseñarme a pensar al dictado. Mi universidad estaba lejos, en el campo. El tren entraba en un tunel y salía en una ciudad separada de la vida real. Pero siempre hay grietas: las trae la gente consigo.

Ahora sigo en una red social, la que permite parrafadas más largas, a gente que lleva a gala SER LA UNIVERSIDAD. Se esconden de la vida tras Gramsci, Foucault y el glosario de términos pedantes. Pertenecen a un partido político, a uno que quizá vote precisamente porque le he perdido el respeto al voto. Porque no cuesta ni vale. Cuando los leo pienso que pasaron por el parque de turistas. Para un botellón o para darse el lote, a lo sumo. Son esa gente que no cuidaba el parque porque no sabía lo que podían extraer de él. Son esa gente que mira a sus compañeros trabajadores de la universidad con condescendencia. Algunos ganan más que ellos, pero ellos apenas se matricularon en el doctorado se compraron un maletín de piel e irguieron la barbilla. Son los que cuando hay huelga en la universidad no van a la asamblea si no es para dar una clase. Venga, que ya lo sé, que no sois todos así. Pero existís cabrones, os veo cada día desde mi puesto de trabajo, y nunca os vi en el parque.

Un parque te vacuna contra los sabiondos. No impide que vayan a ser tus jefes, pero te ayuda a mantenerles la mirada. Entiendes que hay códigos que no se nombran, aciertas si te callas a tiempo, y te ilusionas con la admiración que sientes por otra gente. En un parque aprendes el valor relativo del tiempo. En una noche de parque, que todo lo iguala, te pones en la piel del otro. En una noche de verano, en el parque, conoces el tembleque de ganar en la vida por una vez. Eso es importante, te ayuda a mirar de frente.

En un parque puedes hacerte gregario, sufrir acoso o convertirte en un cabronazo también. Un parque no es un Edén, es un manojo concentrado de vida.

Un parque, o la calle, o la gente, toda la gente diversa. Instalarte en ellos, contaminarte y mancharte. Sólo eso te puede salvar, solo en esos lugares puedes aprender las cosas esenciales de la política y la vida. Al menos es lo que me sucedió a mí. A ser muchos, a escuchar durante horas a gente, a cooperar, a convivir con el conflicto como algo natural, a odiar a la policía y a tener enfrente al bienpensante. Dije política, quise decir decencia.

Carta abierta a la Revolución Democrática

asamblea

Grupo de Desahucios y vivienda de Tetuán celebrando el alquiler social de Ana | @TetuanResiste

Bueno, no tanto. A las compañeras que, provenientes de movimientos sociales, se han embarcado durante el último año en la tarea de construir candidaturas de unidad popular para el Ayuntamiento de Madrid. Mejor.

Ayer, en Eldiario.es, publicaba un artículo Carolina León, que es una persona a la que admiro y de la que he aprendido mucho. También con ese artículo, en el que solamente me chirriaba un párrafo, seguramente menor, dentro de una premisa que comparto con entusiasmo: la de Ser todas alcaldes de Madrid. Un detalle que, sin embargo, abunda en el meollo del subtexto que me ha animado a escribir esta carta a la Revolución Democrática:

“Allí, cada dos semanas en nuestro micro abierto, se han acercado vecinos y vecinas que han podido expresar sus quejas (pasados cuatro años aún queda alguno que nos pregunta “¿y esto qué es?” Y se queda): hablan de lo poco que les llega la pensión, de lo largo que se está haciendo el desempleo, de su incomprensión por las obras en las aceras en la avenida que nadie ha pedido, de los impuestos y tasas inasumibles, de la decadencia del mercado del barrio…

¿Y qué hemos podido hacer con ello?

Escucharles. A lo mejor preparar una campaña de panfletos y carteles –contamos con una unidad de propaganda envidiable donde las haya– . A lo mejor ir a la Junta Municipal a dejar un escrito del que nos contestarían algún día –o no–. Organizarnos. Apoyar.

Sabíamos, intuíamos, que se podía hacer más.

Si para “hacer algo más” había que asaltar las instituciones… no sabíamos cómo”.

Pero… Carolina :(

¿No podemos hacer más? Ya se hace mucho más que eso cada día. En mi barrio decenas de familias se procuran comida y libros de texto con el Banco de Alimentos Autogestionado ; en todo Madrid se okupan espacios para vivir –se cuestiona la propiedad privada, esto sí es revolucionario- ; nos pegamos con la administración mucho más allá de escritos para conseguir los REMIs que nos corresponden ; la gente se proporciona su comida con huertos okupados, como los de Manoteras…Y de forma asamblearia, osea ¡democráticamente!

Es poco para la que está cayendo seguramente, sí, pero forma parte de un pequeño movimiento transformador (revolucionario). Un movimiento transformador que ha removido los consensos sociales de la Transición y permeado las barras de estaño de los bares de mi ciudad. Un movimiento transformador en cuyo contexto muchas personas han agarrado las riendas de sus vidas. En compañía de otras, como cuentas en tu artículo. Un movimiento transformador que cuenta con redes de cuidados en los barrios ¿Qué ha permitido la aparición de un movimiento municipalista peleón? Muchos de quienes estáis en el meollo institucional diréis qué me vas a contar a mí. Me consta. Ya lo sabéis entonces.

La cosa no iba contigo Carolina, perdona que te use para un ¡jo! mucho más amplio. Va con el discurso prendido a gran parte de lo de la toma de las instituciones estos días. Hasta aquí hemos llegado con el Apoyo mutuo de base, ahora necesitamos entrar en las instituciones para poder cambiar el mundo. Bien sea para gestionar mejor los recursos públicos, bien sea para echar a la mafia, o como Caballo de Troya –hackeo-, según quien lo relate.
Yo a veces voto y en esta ocasión, os lo digo ya, os votaré. Pero no me vengáis con revoluciones democráticas por favor, esas cuando se produzcan. Ninguno lo diréis, claro, pero en este discurso hay algo de superación de fase y de pasar a jugar al patio de los mayores. De negación de la capacidad transformadora de otros trabajos dentro de los movimientos sociales. O así me resuenan muchas cosas.

El movimiento institucional aún no ha conseguido cambiar la realidad. Es pronto para juzgar que no lo conseguirá (y deseo que sea posible), pero está muy lejos de formar parte de una revolución democrática, muy lejos –desde luego- de serlo en sí mismo. Ojalá se ganen elecciones, se salven las trampas de las necesarias alianzas, podáis cortar los brazos de los mil tentáculos del sistema que os agarrarán los tobillos…y podáis empezar a cambiar cosas.

Entonces algunos seguiremos estando medio enfrente porque estamos por convicción al otro lado de los que mandan, aunque manden obedeciendo. No os lo toméis a mal, que ya os he dicho que os voy a votar pese a todo. Contradictorio que es uno.

En resumen: palabras muy gordas, un discurso superador…y gente susurrante que, de verdad, lleva ventaja en esto de los movimientos transformadores.