2018

¿Estás empezando una recopilación de las cosas hechas este año Luis? Eso parece, una destinada antes a mí mismo que a ningún tipo de difusión. Un marcapáginas en el blog para revisar, o no, algún día las cosillas que me rodearon en 2018. Vamos allá y vamos por partes.

Decordel

Este año ha sido el que un grupo de amigos de muchos años montamos una editorial. Una muy pequeñita. Al principio Javi, que sigue siendo el quinto Beatle, siempre Silvia, Loren, Jose y, desde el principio pero formalmente hace poco, Vicky. Hasta la fecha hemos sacado tres títulos: La burbuja del emprendimiento y la atomización de la clase trabajadora (José Manuel Martínez Bedia, nuestro Jose), Mientras tanto escribo para resistir. Sintiendo fronteras. Camboya-Marruecos (Margarita Bujosa) y Barrionalismo (Luis de la Cruz, ya tú sabes).

El trabajo ha sido intenso: maquetar, corregir, diseñar, corregir, trabajar los textos con los autores, corregir…también aprender cosillas de gestión (gracias Jose), del mundillo editorial (muchas gracias Vicky), a ser resolutivos en la organización (gracias Silvia) o en la perseverancia y la autoformación (gracias Lorenzo).

Tenemos al menos dos títulos amasándose (el de Francesc y el de Juan, ya os contaremos), cosas que precisan fuego lento ([guiño] Jacob) y algún manuscrito que desearíamos editar. Se quedó atascado nuestro primer proyecto, la revista sin periodicidad USUFRUCTO (perdonad las damnificadas)…pero va a salir, más antes que después.

Por el camino -y acompañándonos siguen- conocimos gentes del libro, como los amigos de Traficantes de Sueños Distribuidora, los consejeros de Piedra Papel Libros, buenos libreros como Inés de Tobacco Days (Donosti), la peña de Katakrak, Trafis…O los evangelistas de la economía social y de las risas de (Gorka, Beñat, el resto…), los geniales comensales de Palma (Dolors, Sergi, Francesc), a Iturri, Sorkunde, Charo en la cornisa norte…

Más sobre letras

Barrionalismo no es el único libro en cuyos créditos sale mi nombre este año. En 2018 nos metimos en el lío de editar un libro desde el entorno de Tetuán Resiste para pagar las multas de Isa, una compañera y amiga del barrio injustamente condenada por intentar parar un desahucio. Hay, en este libro, nacido de un crowfunding, un texto sobre la historia de Tetuán desde el punto de vista de la lucha por la vivienda y mucho trabajo en equipo para sacar adelante un volumen que, no es amor de madre, es fundamental para  empaparse de la lucha por la vivienda desde 2011.

Además, también apareció un textito al que tengo cariño en un fanzine llamado Aquí vivía yo donde, como casi siempre, escribo sobre las cosas que veo desde mi ventana.

Lo del periodismo

No sé si una década participando en la elaboración de un periódico online profesional me convierten de facto en algún tipo de periodista, pero yo prefiero, en realidad, pensar que mi forma de abordarlo sigue siendo un abordaje, no sea que se me caiga el cuchillo de la boca o me de por soltar el cabo sobre el que trato de llegar a cubierta. Es un combate diario por cubrir carencias -desde la intuición para poner un buen titular hasta mi desaliñe ortográfico- mano a mano con Antonio, Diego y Raquel. Muak.

Dentro del cine de verano del Solar Maravillas: algo más que ir a ver una peli

Este año he escrito un poco menos de ciudad e historia que en temporadas anteriores pero, a cambio, creo que me va gustando más mi voz en las entrevistas (por ejemplo) y la crítica cultural (másejemplos). Como novedad, al final de verano me atreví con cuatro relatos históricos de ficción, con resultados algo desiguales, aunque con todos me lo pasé igual de bien.. Veremos si el experimento tiene continuidad el año que viene.

Lo de la Historia

Hace ya una década que retomé mi faceta de historiador gracias a Somos Malasaña. Lo hice desde la perspectiva divulgadora y, por necesidad, con vocación orgullosa de historiador local (figura habitualmente denostada por la profesión). Hace menos tiempo, empecé a compostar el suelo de una investigación más reposada, que me ayude a comprender el crecimiento social y desde abajo de la periferia madrileña. Y sólo estos días he dado forma a lo que va a ser mi próximo libro y la gran aventura investigadora durante los próximos años. Ya os contaré pero sí, una vez más será escribiendo sobre ciudad, clase obrera, barrio…

Quiero dar las GRACIAS a mis socios en la cosa histórica, Álvaro (gasolina) y Carlos (cómplice). Con el segundo tengo una cosa a medias hace ¿años?, con el primero ya he escrito algo a medias y de los dos he aprendido, sobre todo, entre exageraciones lúcidas provocadas por el alcohol.

En Ser Histórico, un portal de Historia Social de marcado acento libertario, encontré en 2017 un lugar afín de escritura y a una peña apasionadísima. Este año he escrito menos que el pasado pero el portal ha crecido, su tejido social se ha consolidado y yo estoy feliz de seguir por ahí de alguna manera (gracias por todo a Luismi, Fran y el resto).

Para artículos, ponencias y paseos históricos pasen por aquí.

Me es difícil separar muchas de estas cosas que os he contado de mi vida personal porque son todas ellas actividades que hago aparte de mi trabajo asalariado como bibliotecario y porque implican a personitas importantes en mi vida, de forma absoluta. Este año no voy a hacer propósitos de Año Nuevo (ya he olvidado si los hice el anterior, si los hubo nunca los tomé en serio), pero voy a tener la determinación de seguir regando las ramitas y agredeciendo en negrita a la gente con quien se toquen mis hojas.

Feliz año, o lo que se pueda.

La frase de Durruti

«Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones; y ese mundo está creciendo en este instante» Esta frase de Buenaventura Durruti, a la que a veces le birlan la segunda parte, puede leerse como lema publicitario, refrito new age o meme, desde luego. Puede recibirse con escepticismo si se tiene puesto un ojo en el noticiario, y hasta percibir la segunda sentencia como puro recochineo. La cita, así pensada, es el residuo de un tiempo pasado en el que una generación pensó que la revolución vibraba bajo sus pies. De hecho, en algunos lugares fue así. Queda lejos.

Sin embargo, las palabras cambian imaginadas como un anhelo realista de la potencia que albergan las ideas correctas y los cuerpos, de músculos tensos y caricias cálidas, haciendo juntos. Como la semilla empapada en algodón que vigilamos por turnos para plantarla cuando le asomen, tímidas, pequeñas raíces. Concediéndole esta intención, la segunda cláusula llega como un nuevo asentimiento de cabeza.

En realidad, yo creo que este fue siempre el sentido real de «Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones…»: universal, no coyuntural; constructivo, no adivinatorio, y por eso revolucionario, no motivacional.

Leída la frase completa no queda lugar a dudas porque, si a veces pierde por el camino la cola, prácticamente nunca es escrita con su cababeza:

«Pero te repito que no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante». Esto es lo que dijo Durruti, como lo podría haber dicho otro, y nos sigue impeliendo en 2018 a bombear sobre las ruinas.

Hoy es tu cumpleaños

Hoy es el cumpleaños de J. y hoy, en los momentos de silencio, estoy echando terriblemente de menos su verborrea infantil. Río y me tambaleo, la abrazo en pensamientos y borro todo alrededor.

Como pasa con los amores –con los otros tipos de amores– hay una razón puramente egoísta para adorarlos: nos hacen mejores. Una hija, como una compañera, te ayuda a no ser tan tú, te empuja a ser más complejo– arrojado o conservador, reflexivo o paladín de un yo desconocido–, titubeante, un reflejo pulido por la admiración…

Te hace mejor a pesar de que, como una compañera, te da a conocer el peaje de mirarte de vez en cuando al espejo y verte con la figura descompuesta. Todo lo que grité porque no supe desaguar sangre plomada, lo que no resolví en el tiempo que se me había confiado, sus malas contestaciones que sabes enraizadas en tu pecho…son las razones de esa cara, ajena y propia, que preferirías no verte.

Como una compañera y como una amistad sin adjetivos, intuyes que deberá darte una hostia algún día, soltar las amarras del enamoramiento para, esperemos, latir juntos desde la cercanía en la que te inunda su aliento y se ven las arrugas alrededor de la mirada. Mejor, si sabes vivirlo.

También hay razones para adorar a las hijas que existen únicamente en ellas. Son un universo explotando violentamente para existir. Te envuelve y se adhiere, aunque, a veces, se incrustan esquirlas en la carne.

Esta mañana, después de venir destellando a pasitos cortos hasta nuestra cama, J. nos ha dicho “¡es mi cumpleaños! ¿Por qué celebramos los días en los que nacimos? ¿Quién se inventó lo de celebrar los cumpleaños?”

Me pregunta mucho eso de “¿Quién se inventó…?” Aquella palabra, el idioma…me ha hecho pensar que, de alguna manera, nos educamos para pensar que siempre hay un individuo genial detrás de cada cosa deslumbrante. Aquella palabra, un cumpleaños, el idioma…

Son momentos tan únicos que te hacen reparar en que todos los instantes son los mismos y son de todos. Que tu hija tan tuya –tu explosión de un universo y la mejor versión de ti– es un jironcillo esperando desgarrarse de tu cuerpo: ser salvada de ti.

Igual que las palabras que te gusta paladear como tesoros de azucar, los momentos más íntimos son invención de un todos.

Hoy J, es tu cumpleaños –ahora te hablo directamente– y, aún lejos, he sentido el miedo a verte caminar hacia mundo, al todos, porque es un sitio muy diferente del que me explicas cuando inventamos esas historias en la cama. Cuando, con la palabra desnuda y redondita de niña, pinchamos personajes en el único mundo posible –igualitario, honesto, justo– que sin embargo no es. Me gustaría saber explicarte que querría una barricada con tu nombre y, a la vez, temo ver tu cuerpo en la línea del frente. Que te quiero febril, pero a salvo.

El 4 de septiembre, diástole mío, es tu cumpleaños y quiero seguir aprendiendo juntos de nosotros. De la vida ya aprendereremos entre todos.

El movimiento inquilinario de Veracruz

A principios de 1922 las prostitutas de Huaca, barrio obrero de Veracruz, dejaron de pagar el alquiler por los precios desorbitados de sus cuartos y arrojaron los colchones, las sillas y los muebles alquilados a la calle, con la intención de hacer una gran fogata. Fue el detonante de una protesta social que involucraría a la mitad de la población de Veracruz.

Unos días antes Herol Proal, fundador del Sindicato Revolucionario de Inquilinos, se había reunido con un grupo de 80 mujeres en el patio del edificio de la Vega. “Queridas compañeras la hora de la vindicación social ha llegado y para vosotras ha llegado la hora de la liberación” Proal era un sastre tuerto y entusiasta propagandista de la pólvora, en cuyos discursos resonaban al unísono Lenin y Bakunin.

Las mujeres y los desarrapados portuarios fueron el sujeto político del movimiento. De las fotos de mujeres de la época apenas se recuerda el nombre de María Luisa Marín, que lideraría el movimiento tras el encarcelamiento de Proal. En una, con un grupo de mujeres, aparece la dirigente y fundadora de la Federación de Mujeres Libertarias, una joven mestiza en la veintena de largas trenzas negras.

El propio puerto es el otro protagonista de la huelga. Se construyó en 1902 y llegó junto con el ferrocarril y las promesas de modernidad. Sin embargo, la riqueza nunca se redistribuyó. Una habitación que valía 10 pesos en 1910 costaba de 30 a 35 en 1922. La población del puerto había crecido en veinte años de 29.000 a 54.000 habitantes. Un periódico decía “es raro el día que en los juzgados no se pida el lanzamiento de algún inquilino”. El puerto también trajo a muchos revolucionarios americanos y europeos huidos, muchos de ellos anarquistas.

A finales de mayo 30.000 personas habían dejado de pagar el alquiler en más de 100 patios de vecindad (cuartos al redor de un patio con baño y cocinas comunes). Muchos edificios del centro eran inmuebles coloniales que en tiempos habían habitado familias ricas con sus sirvientes. En ellos se desplegaron pancartas rojas que decían “estoy en huelga y no pago renta”. Pronto las protestas se extendieron por todo el país.

La acción directa fue el lenguaje de la huelga inquilinaria. En los mercados para organizar a las sirvientas o atacando las pensiones donde vivían patronos españoles. Su intención era tomar las posadas para alojar a los compañeros –muchos desahuciados- y organizar a los que ya vivían allí. Además, desde el principio de la huelga se habían apoderado de viviendas vacías. La estampa de cientos de hombres y mujeres desfilando con banderas rojinegras dejó una impronta impactante en la prensa de la época. La imagen de las mujeres y los niños desfilando con silbatos y “amontonándose” frente a la policía para parar desalojos también. La acción directa les valió sonados enfrentamientos con la policía, cientos de muertos y penas de cárcel o exilio para los huelguistas.

A medida que la huelga fue avanzando las propuestas del Sindicato fueron incluyendo demandas como la abolición de la propiedad privada, la liberación sexual y hasta la eliminación del Estado. El movimiento inquilinario mexicano supone un salto político en el continente tras otras huelgas, como la pionera de 1907 en Buenos Aires, en las que se negociaba directamente con los propietarios. Ahora se crean Sindicatos que promueven la huelga general y dirigen su acción hacia las instituciones del Estado. No consiguieron abolir la propiedad privada, pero después de su acción se construyeron casas baratas en los barrios del puerto y se mejoraron las condiciones de pago de los inquilinos.

*Un texto inédito que escribí en 2015, las fuentes han quedado en el olvido…

La mani

Manifestacion-Francisco Álvarez

Una manifestación es gente, mucha gente andando junta con la vista al frente.

“La Huelga” “La Revuelta” o “La Revolución”, pintada por Honoré Daumier en 1860

Lo que dota a una manifestación vida es la sensación continua de que la lengua de carne pueda, de repente, descoyuntarse. Suceda o no. Las fuerzas del orden permanecen tensas, se miran, dudan poder ser dique y sienten temblar el suelo de la calle.

Manifestantes – Gravado de Juan Genovés

Eso, y no las congregaciones satisfechas de cumplir el ritual, es una mani. Una manifestación es una reclamación simbólica de propiedad de la calle en la que las risas nerviosas, los rugidos sordos, el sudor, la música, el entusiasmo inestable y el brillo en las miradas afiladas se vuelven contagiosos y mantienen el tiempo en suspenso.

El Cuarto Estado, pintado en 1901 por Giuseppe Pellizza da Volpedo

Una manifestación son tiempos y espacios que confluyen: tardes de cañas, noches en el calabozo, lecturas, conversaciones, discusiones con la televisión, quedadas para ir, encuentros, despedidas, volver con la pancarta doblada y los pies heridos.

Manifestacion, Antonio Berni (1934)

Aquella mani es un recuerdo y un caminito de gente que se hace pequeñita al fundirse con la línea del horizonte.

Huelga de Le Creusot (1899), de Jules Adler

El centro de la ciudad es una mani por hacer. Una plaza por acampar, un adoquinado por desadoquinar, la memoria densa de mil manifestaciones barrida a los rincones por un urbanista. Y las que quedan.

Huelga de obreros en Vizcaya 1892, Vicente Cutanda y Toraya (en El Prado)

Una manifestación es una convención social, un diálogo con las élites y con los iguales articulada por normas no escritas que todos tenemos claras. Es procesión y es carnaval, pero como la procesión y el carnaval puede acabar en motín.

Huelga en Bogotá, óleo de Clemencia Lucena

Una mani –si es mani- es gas inestable, que se lleva el viento o prende fiestas. Son los gases que exhalan la necesidad, el hambre, el orgullo o el compañerismo. Esos gases huelene e intoxican. Te explotan en luz o en sombra, según la dosis del veneno. Según cuánto nos agarremos las manos. Esos gases llevan revolución al aire

La Huelga – Robert Köehler

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Ser legión con Isa

A la derecha Isa en el solar de Ofelia Nieto 29, con muchos otros vecinos

Hay una mujer en mi barrio que es capaz de parar desahucios con su menudo cuerpo y su determinación gigante. Lo hace con otras mujeres y hombres, lo que, lejos de restarle mérito, lo convierte en un acto revolucionario. Ella puede ayudar a una compañera para gestionar su Renta Mínima de Inserción, organizar recogidas de alimentos asamblearias o poner su cuerpo frente a rocosas barreras de policía. Puede ganar un concurso de tortillas de patata de barrio y planificar los desahucios a los que acude cuadrándolo con la hora de recogida de su hija en el colegio.

Esta misma mañana

Escucha primero, habla despacio después. Y en su charla va calándote la vida que ha pasado desapercibida a tu alrededor. La más jodida. Frases cargadas de empatía y justicia marcan el ritmo de la conversación, como un metrónomo que te pone a desfilar ante los ojos ahora el sufrimiento, ahora un ejemplo vivificador de apoyo mutuo. Aquellos padres que no tenían recursos para enterrar el cuerpo de su crío muerto, aquella explosión de alegría colectiva y abuelos llorando porque se quedaban en casa.

Imaginad por un momento que a esa mujer de mi barrio la quieran meter en la cárcel. Que la juzgaran mañana y que la petición del fiscal fuera de dos años y medio de cárcel por estar apoyando a un vecino estafado el día de su desahucio. Qué terrible suena todo ¿verdad? Si eso sucediera, yo supongo que mañana seríamos un ejército de almas agradecidas acompañándola, tratando de mandarle de vuelta algo de lo que ella ha regalado. Poniendo en práctica todo el poder de reír y sudar juntos que ha ayudado a construir.

Pues es verdad.

Me cuesta teclear. No tengo distancia con el caso y no pretendo que me quede un texto “objetivo”, pero me es más difícil ordenar sentimientos que conceptos. Paro, bajo a la calle a caminar y me encuentro con un desalojo a treinta metros de casa.

Es un bloque de viviendas okupado que ya ha sufrido varios desalojos antes. No conozco su historia pero es muy nuevo, se adivina esquirla de alguna explosión financiero-inmobiliaria. Me comentan amigos, activistas por la vivienda, que hoy se quedan en la calle algunas personas de origen magrebí y español. Familias con menores tramitando el RMI, añade la gente de Invisibles de Tetuán y el Banco de Alimentos.

He contado siete lecheras, hay dos calles cortadas. Una señora con una bolsa de la compra opina que “todos cobran. Los cuatrocientos y pico del Estado no hay ni uno que no se los lleve cada mes”. Pienso en lo que la diría Isa, y sobre todo, puedo imaginar su capacidad para que la indignación quedara clara en un tono de voz calmado.

Es por eso que hace falta Isa y es por eso que mañana la juzgan. Porque nos hace falta. Me viene a la cabeza lo que ha escrito Víctor en otro sitio:

“En el desahucio de Mohamed, su mujer y su hijo de dos años, detrás del cordón policial no podía aguantar ese dolor. Empezó a narrar lo que sucedía a los antidisturbios, para que fueran conscientes del sufrimiento: “¡Ahora la madre baja un colchón!” “¡Ahora entre dos un sofá!” “¡Ahora al niño en brazos!”. Fue desgarrador”.

Me acuerdo de Ofelia Nieto 29 y de las caras de algunos de los policías que acechaban para derribar la casa. De sus gestos airados de humillación y odio ¿Cómo no iban a recordar ellos la cara de Isa? Ella está siempre. Fueron a por Isa porque saben que clavando espinas en una cojea todo el grupo.

En fin, ésta es la frase más importante del texto: mañana juzgan a Isa a las 11 h. en los juzgados de Julián Camarillo 11 (metros Ciudad Lineal o García Noblejas) y necesitamos que vengas a arropar a Isa.

NECESITAMOS es un plural que nos incluye a todas.

Cómo se hizo… ¡Fuego al fielato! El motín de Ciriaco Bartolí en los Cuatro Caminos

Radio Raheem acabó muerto, con los pies colgando, por resistirse a los policías

Cuidado (cuidado)
os avisamos
somos los mismos que cuando empezamos.

Eskorbuto


El otro día pillé empezada en algún canal de televisión Haz lo que debas (Spike Lee, 1989). La película se ambienta en Bedford Stuyvesant (Brooklyn) y tiene como protagonistas a una serie de vecinos del barrio, a los vecinos del barrio (como sujeto colectivo), y al propio barrio (como todo, de ladrillo y piel negra, como forma de vida aparte de la ciudad oficial y espacio con idiosincrasia propia). Aquello, por lo visto, no es ya lo que sale en la peli.

A 28 años vista de Haz lo que debas no me vengas con historias: voy a hablar del final.

Durante toda la película uno de los escenarios importantes es la pizzería de Sal y su familia italoamericana, donde trabaja Mookie (Spike Lee) y han crecido comiendo pizzas todos los chicos y chicas del barrio. El establecimiento es un lugar reconocido por la comunidad como propio del lugar a pesar de ser ajeno a la mayoría de la población negra del barrio. Sam (Danny Aiello) es una figura paternalista; su hijo Pino (John Turturro) es abiertamente racista. Hay un personaje, cuyo nombre no recuerdo, que emprende –sin ningún éxito- una campaña para boicotear el local hasta que algún hermano de color acompañe en las paredes a los Stallone o Sinatra. Hay otro, Radio Raheem, grandullón y malencarado, que discute con Sam por entrar a su local con la música de negros alta en el radio-cassete.

Al final de la película se produce una pelea entre Sam y Radio Raheem, después de que el primero rompa la radio del segundo. La trifulca crece, los cuerpos se amontonan en la acera y cuando la policía llega va directamente hacia Radio Raheem, al que inmovilizan hasta dejarlo seco.

No es la primera vez que la policía mata a un vecino del barrio y todos los que en principio se negaban a hacer el boicot a la pizzería la saquean y acaban quemándola. El saqueo es el inicio de unos tumultos en los que la gente trata de impedir que los bomberos apaguen el fuego y se enfrentan con la policía.

Sólo un día antes retomaba la escritura de un texto que había empezado a escribir un año atrás, y en mi cabeza se cruzaban, una y otra vez, coincidencias entre los Cuatro Caminos de 1901 (barrio entonces en el extrarradio de Madrid) y aquel Brooklyn de los ochenta.

El texto, que escribo con Álvaro, habla de varios motines. El principal de ellos es en verano –como el de asfalto sudoroso de Spike Lee-, transcurre en un barrio sospechoso, apartado, y acaba con la quema del fielato tras la paliza a un jornalero llamado Ciriaco Bartolí por parte de los guardias de Consumos. Como en la película, los vecinos la emprenden a pedradas con los bomberos para impedir que salven el local, que han quemado de forma un tanto simbólica pero con consecuencias bien reales.

En otro motín al que nos referimos en el artículo se saquea el local del tabernero más conocido de la barriada (Canuto Gonzalez), figura respetable pero un tanto ajena a la mayoría de sus vecinos por pertenecer a la pequeña burguesía local. Se muestra arrogante ante una huelga y acaba pagando las consecuencias.

Revisando mis notas (que es una forma como otra cualquiera de decir rebuscando en mi correo electrónico), veo que las primeras informaciones que mi colega Álvaro –el coautor del texto del que esto es trastienda- y yo intercambiamos sobre Ciriaco Bartolí datan de diciembre de 2013. Si la memoria no me falla, escuché por entonces su nombre a Antonio Ortiz, historiador incansable del barrio.

Bartolí volvió a salir a colación en algunas conversaciones y, con el tiempo, fuimos estudiando más la historia de la barriada y descubriendo que aquel fue sólo uno más de los innumerables motines que se produjeron aquí a caballo de los siglos XIX y XX. Sin embargo, Ciriaco Bartolí seguía siendo nuestro favorito, aunque, ya ves tú, su mérito no fue otro que haber recibido fuertes bastonazos en la cabeza. Pero su nombre se nos antojaba lo suficientemente sonoro para ser nuestro Capitán Swing o Ned Ludd de andar por casa.

Nos pusimos a estudiar el motín en serio cuando decidimos organizar unas jornadas populares de historia combativa del barrio en el solar de lo que fue Ofelia Nieto 29, un mordisco en la ciudad que concentra la rabia y la solidaridad de aquellos hechos hoy. Al menos para nosotros, es un espacio importante.

Pintamos la pared para la oación, no he encontrado foticos del evento.

De nuevo a las puertas del verano, bajo improvisados toldos mal sujetos en postes, desgranamos las historias de motines de consumos. Estuvieron también Antonio Ortiz hablando de la huelga revolucionaria de 1917 y Carlos, con el relato de manifestaciones y disturbios tras el derrumbe mortal de las obras del Canal de Isabel II, en 1905. Carlos se incorpora en este momento al Cómo se gestó del artículo, a sus cañas y conversaciones apasionadas.

Está haciendo su tesis doctoral sobre el barrio y con él acordamos seguir trabajando sobre los temas que habíamos expuesto a los vecinos bajo aquel sol de in-justicia en el solar expropiado. Pergeñar una pequeña publicación.

Durante este año hemos compartido los tres aprendizajes continuos y nos las hemos ido arreglando para reafirmar las ganas de escribir el librito a la vez que estirábamos los plazos hasta convertirlos en indefinidos.

Recientemente, cayó en mis manos por casualidad (los inventarios de la biblioteca son una orgía de polvo y sorpresas) Bello como una prisión en llamas, un trabajito vibrante de Julius Van Daal sobre los Gordon Riots(1780).

– “Álvaro, vamos a retomar el texto de Ciriaco, estoy con la vena épica subidita, no va a ser nada muy académico. Escribo una descripción de los hechos y te la paso para ir intercalando explicaciones más históricas”

– “Dale caña, no te reprimas”.

Y en eso estamos. El texto está casi listo y hay otros a punto para coser también. El librito saldrá, aunque le quedan aún muchas cañas, divagaciones y condicionantes vitales que saltar. Pero me apetecía contar la meta-historia del textito, que pronto podréis leer.

Lo bonito de todo esto es que si Álvaro (o Carlos, aunque él lo dará todo en otras partes) escribieran su Cómo se hizo supongo que sería diferente… y parecido a la vez.

Y “la vida sigue igual”

El Atleti Femenino va como un tiro esta temporada

Hoy el Atleti ha perdido contra el Real Madrid la semifinal de la Liga de Campeones por 3-0. No ando muy triste, el equipo jugó un partido muy malo y para ganar al Real Madrid hace falta ser tres veces tu equipo en el campo. Si no es así, como hoy, te ganarán incluso por más goles de lo que, en justicia, merecían meter. No son estos los partidos que más jode perder.

La casa está silenciosa y andaba dándole vueltas a la frase de un amigo madridista en un chat: La vida sigue igual. Una frase más dentro del choteo habitual en el fútbol, sin mayor relevancia ni mala intención, pero que ha dejado pensando con los dedos. Es decir, escribiendo estas líneas.

Hace ya unos cuantos años que no sigo el fútbol más que de reojo. Reconozco que, caminando los treinta, el fútbol dejó de interesarme lo suficiente como para escalar los muros que se interponen entre una afición moderada y los partidos: el precio de las entradas, la ausencia de buen fútbol en abierto o la lejanía estética con la figura del futbolista contemporáneo.

Un ejemplo. Hoy J. Me pidió que leyera un capítulo de su libro en la cama justo cuando empezaba la segunda parte. Estaba a punto de decirle que hoy lo leyera ella, que mañana…cuando me dije, “qué demonios”. Me reenganché al partido en el minuto quince o veinte. Otro. Cuando, de tanto en tanto, veo un partido con mi padre -uno del Atleti, por supuesto-, le tengo que preguntar quién es el chaval de la cantera que ha salido de titular o qué tal juega el nuevo fichaje.

El fútbol ocupa hace mucho un espacio muy residual en mi vida, como se ve. Espacio poco, importancia ninguna. Quizá por eso, siendo yo un llorón desbocado, en esto del fútbol he derramado lágrimas por ganar, nunca por haber perdido.

Mmm¿Importancia ninguna? Querría desdecirme: más allá de lo que pase en la cancha, sigo encontrándome a gusto en la intensidad de ser del Atleti. Para mi esto es un juego, uno capaz de crear, de vez en cuando, brasas en las sobremesas de fría oficina y olor a sudor de manada en tiempos individualistas y asépticos. Ahí, con otra gente, sigo reconociéndome y me temo que esto no caduca.

La vida sigue igual, sonrío. Todo sigue igual, efectivamente, en el Olimpo de los Dioses, pero desde la final de Lisboa (2014) el Atlético había ganado cinco de los trece enfrentamientos con el Real Madrid (se habían empatado otros tantos y sólo se perdieron tres). Tres veces se ganó en el Bernabeu. La vida sigue igual, pero no para los atléticos, que hemos visto como desde la llegada del Cholo se han ganado una liga, una copa, una supercopa (de España y de Europa), una UEFA – el año antes otra contra el Inter- y se ha llegado a dos finales de la Liga de Campeones. Nada, la vida no ha cambiado casi nada, no te jode.

Cuando era pequeño en clase éramos dos del Atleti. Aguantando el tirón, lo juro. Hoy, en el colegio de mi hija hay más niños del Atleti que del Madrid y, lo que me parece más interesante, he comprobado que los padres y madres a los que no les interesa el fútbol son, casi invariablemente, un poco colchoneros. Antes, lo normal era ser por defecto del Madrid. Hoy, si hay que elegir, se decantan a favor del más simpático o contra el más odioso (y, siento si pensaban que era un futbolero ecuánime y noble, casi prefiero lo segundo). Nada, qué va, nada ha cambado: la vida sigue igual.

Lo que me daba que pensar de la frase era que, sin quererlo quien la pronunció, resume a la perfección la razón por la que soy del Atleti. O quizá la razón por la que podría ser de otro equipo pero nunca del Real Madrid ¿Qué personaje de una buena película sería del Real Madrid? ¿Qué lector de una novela decente esperaría que el primer final que se le ha pasado por la cabeza sea el elegido por el escritor? ¿Quién jugaría una partida de un juego en el que no esperara, esta vez, superar al monstruo final?

No hay señorío -la palabra más madridista- que no merezca ser derribado por sus plebeyos ni hay pasión en la dominación de los señores.

En serio ¿Quién coño quiere que la vida siga siendo igual?

M y M en Puntossuspensos

M. es una artista. Hace libro-objetos únicos. En serio son únicos, no se trata de un adjetivo valorativo -merecido-, es absolutamente descriptivo. El cuaderno que M. hace para ti es de veras distinto y singular. Eres el único poseedor en este planeta de las formas, ideas y susurros que contiene.

M. (otro M.) tuvo hace tiempo problemas con la justicia. Esta no es una historia de redención y comprensión hacia alguien empujado a delinquir por su situación bla bla bla. Es la tristemente frecuente historia de una persona inocente que ha cargado con un montaje policial destinado a reprimir los movimientos sociales. No voy a contar ahora cómo, por intentar parar un desahucio, se puede llegar a soportar sobre los hombros el peso del Estado. Quien quiera ver que mire. De momento, parece que la cosa se ha resuelto de forma justa y M. no debería llegar a ser juzgado (meses y meses de angustia, preocupaciones y sufrimientos tampoco se los va a restar nadie de su no-juicio, no-condena).

M. (la primera M.), la que ya os he contado que es una artista, manufactura cuadernos para costear los gastos judiciales de M. Trabaja con collage, con papel y con sensibilidad. Lo hace convirtiendo un cuadernillo de solfeo en un objeto muy suyo hecho para ti.

El post es en parte de agradecimiento y, en parte, para dar envidia…

…O no tanta, entra a conocer el trabajo de M. en Puntos Suspensos (también FB) y contacta con M. (la M. que tiene el taller de convertir partituras en música sin instrumentos, no M. quién  paró mil desahucios).

El participacionismo como tapón democrático

Acaba de ponerse en marcha la fase de votación de los presupuestos participativos del Ayuntamiento de Madrid. Echándo un vistazo a las propuestas, y después de una fase anterior (la correspondiente a los de 2016, en fase piloto) y la experiencia de la reforma para la Plaza de España, mi impresión es que la fetichización de la participación, en su vertiente pido y voto a través de internet, se ha convertido en un tapón para la profundización democrática.

El participacionismo, en tanto que eje central de la política municipal madrileña.

¿Participacionismo? La primera vez que escuché el término lo hice en el contexto de conversaciones con mis amigos de Las Indias referido a entornos digitales:

El participacionismo es una forma degradada de la democracia, característica de la cultura nacida de la recentralización de Internet. Se plantea como alternativa frente a la plurarquía usando como argumento la inmediatez del proceso frente a la definición del demos -el quién puede participar- que queda ambiguo o dudoso.

El participacionismo como ideología

La característica esencial del participacionismo es que define unas reglas de votación -normalmente para la selección colectiva de contenidos- pero no un demos; una técnica, no un sujeto o una comunidad.

La clave sin embargo de los sistemas políticos está siempre en el quién decide, no cómo se organiza técnicamente la toma de decisión. Así, dejando que vote la gente, dejando un demos voluntariamente ambiguo, el resultado final legitima a una oligarquía participativa que presenta sus creaciones como agregado social, como expresión de «las ideas de la gente».

En un reciente artículo crítico con el gobierno de Ahora Madrid como agente de cambio, Emmanuel Rodríguez habla del participacionismo también:

…el participacionismo, tanto digital como físico, que se presenta como la joya de la corona del “cambio”, opera a partir de esa misma posición: la neutralidad de la institución frente a los intereses de la “gente”, que a través de los recursos y foros facilitados por el Ayuntamiento elegirá libremente lo que más le convenga. Poco puede sorprender que en su aplicación institucional concreta apenas veamos más que procesos participativos de escasa calidad y/o baja “participación”. En ocasiones, como en Plaza España, las consultas tienen un simple carácter pleibiscitario o aprobatorio. Y en otras, como en los presupuestos participativos de Madrid, se convierten en una suerte de carta a los Reyes Magos. En distritos o barrios en los que no existe un espacio comunitario y deliberativo real, grupos muy pequeños organizados pueden lograr que la administración financie instalaciones o proyectos ciertamente estrambóticos.

Echando un vistazo a las propuestas de mi barrio, compruebo que muchas se reducen a cambios superficiales (alguna zona verde concreta, la peatonalización de una calle, la puesta en funcionamiento de una pista de running), o son generales y poco definidas. Cuando aparece alguno más ambicioso (el carril bici en el distrito o la reforma del área del Paseo de la Dirección) pertenece al ámbito de operaciones ya en curso.

Durante la fase de admisión de propuestas pude observar que los ejemplos que el Ayuntamiento ponía en la publicidad que incluía en Facebook y otras redes sociales iban en esta línea (las imágenes que ilustran este post dan buena cuenta de ello).

Conozco varias propuestas que han sido rechazadas “por criterios técnicos” que incidían en asuntos de calado. Por ejemplo, la Asociación Vecinal Cuatro Caminos, que hizo varias propuestas, propuso la adquisición de un cine cerrado para impulsar un proyecto de economía local. También habilitar un local para niños de entre 6 y 12 años que, con distintos programas, ayudara a la conciliación familiar bajo las perspectivas de La ciudad de los niños de Tonucci. La asamblea de Vivienda del barrio propuso la rehabilitación de edificios públicos o en desuso como espacios de emergencia habitacional. El  Banco de Alimentos del 15M de Tetuán, grupo autogestionado con gran experiencia en la lucha contra la pobreza en el barrio, propuso adaptar un local de la Junta Municipal en un comedor social dirigido a personas sin recursos.

Todas estas propuestas han sido desechadas por criterios técnicos poco transparentes y que, a simple vista, se antojan un tanto aleatorios. Por ejemplo, se acepta otra propuesta que pide la adquisición de libros para las bibliotecas municipales del distrito cuando, lo sé bien, no se trata de una competencia de la Junta de Distrito. En realidad, la mayoría de las propuestas afectan a distintas instancias (varias a Urbanismo, por ejemplo), y recuerdo bien como en la fase piloto salieron propuestas para cuya puesta en práctica hay que instar a otros negociados.

Se da la circunstancia, además, de que las propuestas deben ir a nombre de una persona física, de manera que se diluye la referencia al foro donde se han debatido (en este caso la Asociación de Vecinos, la Asamblea de Vivienda del 15M y el Banco de Alimentos Autogestionado).

Es justo decir que se han hecho foros vecinales –los grupos motores– en los que se ha debatido presencialmente, aunque su incidencia en la enormidad de los distritos madrileños es anecdótica.

No se trata aquí de denostar la posibilidad –irrenunciable, diría- de tomar decisiones de manera colectiva y utilizando la red. Lo que reclamo es tratar de superar el modelo buzón de sugerencias y adhesión vaga ¿Por qué vaga? Porque la votación no está precedida de debate ni se hace un esfuerzo productivo para que se dé un aunténtico conocimiento de los contextos. La ciudadanía es, en este caso, un ente difuso y desagregado, votando sobre  párrafos desnutridos y propuestas filtradas.

En nuestra relación política cotidiana, creo, se trata de construir verdaderas redes densas entre personas. En la vertiente digital, no se puede ignorar la dificultad sociotécnica de imaginar herramientas que permitan desarrollar todas las fases de un proceso democrático (contextos, deliberación común y toma de decisiones, con una correlación de fuerzas realmente horizontal). Por eso esta arquitectura, tal cual, no sólo no nos sirve, sino que, en la medida que ha tomado auténtica centralidad discursiva, sirve de tapón.