Apuntes para entender los peligros clasistas de algunos discursos sobre la movilidad

*Esto no es un artículo cerrado. Ni tan siquiera refleja una opinión uniforme ni cerrada. Son apuntes para aclararme yo que dejo en abierto por si alguien quiere entrar al diálogo.

1.Durante años hemos visto como en los modelos de currículum vitae se añadía una línea para los permisos de conducir, normalmente en las plantillas que se suelen utilizar para los trabajos que requieren menos cualificación académica. Tener el carné era un requisito estándar para acceder a muchas ofertas de empleo y el coche una especie de capacitación para mucha gente de la clase trabajadora que, además, en no pocas ocasiones viven en barrios periféricos o ciudades del área metropolitana de las grandes ciudades.

No es casualidad que el coche (su conocimiento, su cuidado, su tuneo) haya alcanzado categoría de auténtica manifestación cultural en muchas ciudades de extrarradio. Uno moldea su cultura con los barros de la cotidianidad.

2. Vivimos en ciudades en las que el coche tiene un protagonismo excesivo. Tubos de escape que envenenan nuestro aire, ruido y masas mecánicas que nos marginan en las esquinas de las calles. Ciudades inexplicables sin la la ideología del automóvil.

Es inaplazable una reflexión comunitaria y una política activa contra estos efectos secundarios descritos…que nos afectan muy primeramente.

3.Curiosamente, el automóvil comenzó siendo un objeto deportivo, de estatus, que no sólo era privativo de las élites, sino que era odiado por las clases bajas. Durante décadas, aquel invento representó la ideología de la individualidad y la libertad burguesa, simbolizada a través de la velocidad y la separación social.
Los primeros automóviles dejaron muchos cuerpos de niños mutilados, porque la gente no tenía cogida la medida a un vehículo que iba más rápido que los carros a los que estaban acostumbrados y, sobre todo, porque hasta el momento era común el uso de la calzada para la vida diaria.

Las élites comenzaron entonces a crear normas de circulación, aceras, multas y una narrativa que –se puede ver a través de la prensa de la época-, incidía en la irresponsabilidad de las clases bajas, que eran culpadas de sus propios atropellos…por moverse por la calle como siempre habían hecho.

4. En los ultimísimos tiempos ha venido apareciendo cierta concienciación acerca de la necesidad de aparcar definitivamente los coches. El auge del ciclismo militante, la presencia de un urbanismo con la mirada a la altura de los ojos y las noticias acerca de los altos niveles de contaminación entre los que nos movemos lo han facilitado.

Este nuevo discurso, consciente de las aristas oxidadas de las ciudades actuales, han conseguido permear en poco tiempo en los repertorios argumentales de los partidos políticos de diferente signo político. Aunque la derecha siga siendo defensora a ultranza del coche, se le llenará la boca de ciudad habitable y de nuevas pautas de movilidad.

5.Muchas de nuestras ciudades se nos han ido de las manos. Son enormes conglomerados in extenso, con conurbaciones dependientes de la metrópoli para el trabajo, el ocio y la cultura (más allá de los empaquetados en centros comerciales), que aseguran un ir y venir embotellado en las carreteras y nuestro tiempo.

6.Una de las categorías argumentales que se utiliza contra el coche es la del privilegio. Ciertamente, los automóviles ocupan un espacio en la ciudad muy sobre representado con respecto al número de trayectos que se realizan en ellos. Desde este punto de vista es un privilegio, es claro. Pero la narrativa del privilegilegiado obvia que dentro de los coches viajan personas que, en no pocas ocasiones, no disponen de buenas alternativas en transporte público, viven lejos de su lugar de trabajo o dejan a sus hijos en la puerta del colegio a la misma hora que tendrían que entrar a trabajar, y que se disculparán jadeantes por el retraso ante sus jefes. Extraños privilegiados.

7.Los ecosistemas de ciudades en forma de sistema solar que hoy los expertos diagnostican, -acertadamente en mi opinión-, como derrochonas de recursos y poco habitables, son en realidad las ciudades que los expertos del ayer nos legaron.

Hoy, todos queremos una ciudad densa, viva, con mezcla de usos, espacios de ocio y cultura distribuidos en toda su geografía, servicios públicos de proximidad, una administración descentralizada…Lo que pasa es que la realidad material de la que partimos es la realidad de hoy a las 16.48 h. (y cuando lo lean será básicamente la misma).

EL CASO ES QUE estamos peatonalizando los centros de nuestras ciudades, o al menos poniendo trampas (Áreas de Prioridad Residencial) que aseguren que sólo los residentes metan el coche en el centro urbano.

En el segundo punto del artículo quise ser firme: urge sacar muchos coches de nuestras vidas. Sin embargo, no consigo entender porque, junto con los coches, no intentamos sacar de nuestras vidas también las esclavitudes asociadas al trabajo asalariado, que son causa directa de la mayoría de los trayectos en coche (abolir el trabajo queda lejos pero ¿cuántos empleos podrían hoy realizarse algunos días desde la propia casa?); no termino de entender porque el centro urbano, que en nuestra realidad material de las 16.49 sigue conteniendo la mayor oferta de ocio, instancias administrativas, cultura y capital simbólico, sea también el más restringido a la movilidad.

El Centro de mi ciudad está muy contaminado, pero los medidores se muestran igual de alterados en otros puntos periféricos, por cierto.
Me cuesta comprender también la apelación constante a desincentivar, que en realidad quiere decir putear, creo yo. No lo considero adecuado porque ese desincentivar opera sobre la narrativa del privilegio a la que me he referido antes.

En el momento en el que el ocupante del coche (coloque algunos aquí, lector) dejan de ser privilegiados para ser vistos como trabajadores que no han elegido vivir lejos del centro, trabajar donde trabajan y no tener buenas alternativas de transporte, el mero cálculo matemático que está detrás de la desincentivación se vuelve obsceno. Se convierte en un martillo pilón sobre las cabezas de estos trabajadores.

Uno sí cree entender, sin embargo, algunas de las lógicas por las cuales los centros de las ciudades se están convirtiendo en espacios hipermercantilizados, en los que el precio de la vivienda de alquiler no para de crecer y los vecinos desaparecen para ser sustituidos por gente en tránsito constante. Las razones son muchas, pero, en última instancia todas tienen que ver con el carácter exclusivo del centro y el valor económico que esto le otorga. En estas circunstancias, su semipeatonalización (completa y sin que se produzca lo mismo en el resto de barrios) lo convertirá en un lugar aún más exclusivo y caro, en el que un día, tras haber pensado “qué agradable paseo”, levantemos la cabeza y no encontremos vecinos.

Podemos ignorarlo o podemos contemplarlo a la hora de diseñar las políticas de movilidad.

Podemos hacer lanzaderas de transporte rápido, mejorar el sistema de transporte público en las periferias, podemos legislar a favor del teletrabajo en algunos sectores, o de una auténtica conciliación laboral, podemos dedicar parte del espacio público a hacer aparcamientos disuasorios…o podemos ignorar la base material desde la que partimos (la ciudad hoy, en el minuto 16.54) y quitar los coches del centro de la ciudad sin haber empezado a hacer todo lo anterior.

Antes de que alguien se apresure a llamarme ingenuo: no ignoro el esfuerzo y el tiempo que suponen las medidas estructurales. En realidad, no se me ocurre una razón mejor para empezar ya con ellas.

Hay que sacar los coches sí, pero me preocupa que dos ideas se hayan colado entre todas las buenas reflexiones contra el coche que últimamente están calando ¡por fin! en el debate público.

Con la idea del privilegiado, el mal ciudadano, corremos el peligro de que la transición se haga de nuevo a base de generar un discurso culpabilizador y llamar, otra vez, palurda a la gente normal. La que hasta hace dos días ponía que tenía carné en el currículum porque así venía en los modelos. A la vuelta de los tiempos, volvemos a señalar con el dedo a la gente por moverse como se le ha empujado a hacer.

Con la construcción de un centro excesivamente diferenciado podemos reproducir, sin querer, el modelo centralizado que habíamos quedado en superar, tratando de salvar la diferencia con vallas para un escenario cada vez más hueco. No se trata, no, de dejar de mejorar los barrios para que no suban sus precios. Cuando las inversiones no se rozan con el caracter comercial de los centros históricos, los precios de los alquileres no se disparan a la misma velocidad que cuando aparecen en un el plano que te reparten en la recepción de un hotel, y sin embargo ¿en cuántos centros urbanos no hacen falta más centros de salud o canchas deportivas?

Conmemoraciones a la carta

Hay aniversarios que se celebran con interesada algarabía política, otros sin embargo pasan de largo por los renglones de la agenda pública de los estamentos oficiales y los mass media. Por ejemplo, este año hemos sufrido en febrero una inexplicable fiebre de series y referencias a la monarquía a cuento del 23 F. a pesar de que se cumplía la nada redonda cifra de veintiocho años. Nada se ha hablado sin embargo de un aniversario de número mucho más lucido: este año se cumplen treinta años desde que las cortes franquistas nombran al borbón como sucesor de Franco y este jurara las Leyes Fundamentales del Reino y los principios del Movimiento Nacional.

También este año se cumplen 400 años (¿a más ceros más redondez para la cifra?) del bando de expulsión de los moriscos. Episodios de limpieza étnica pioneros en la Europa moderna en nuestras tierras que preferimos no ya conmemorar sino tan siquiera recordar. Por favor leed el artículo de Juan Goytisolo al respecto. Es imprescindible.

¿Puedo copiármelo en la biblio?

El otro día presencié en una biblioteca pública como el guardia de seguridad le decía a un usuario que estaba grabando películas de vídeo en su portátil que no se podía hacer eso en la biblioteca porque era ilegal, que en todo caso las sacara en préstamo y lo hiciera allí (lo cual desde luego no sería una recomendación muy sabia en el caso de que dcha práctica resultara ser realmente ilegal). El usuario le respondió que tenía derecho en virtud del derecho de copia privada. Por supuesto el usuario de la biblioteca tuvo que irse con su portátil y su mosqueo a otra parte porque el empleado público no dio su brazo a torcer.

Me quedé pensativo porque en ese momento no tenía yo muy claro si el derecho de copia privada se aplicaba sólo en documentos adquiridos y si se podía hacer extensible a documentos prestados por una institución.

Mirando más tarde el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual (con las distintas modificaciones incluidas en él) y concretamente el artículo que regula la copia privada en España que se encuentra en Capítulo II del Título III del Libro I sobre «Los límites a los Derechos de Autor», creo que cuanto menos el señor tenía razón. En él se dice que:

“2. No necesita autorización del autor la reproducción, en cualquier soporte, de obras ya divulgadas cuando se lleve a cabo por una persona física para su uso privado a partir de obras a las que haya accedido legalmente y la copia obtenida no sea objeto de una utilización colectiva ni lucrativa, sin perjuicio de la compensación equitativa prevista en el artículo 25, que deberá tener en cuenta si se aplican a tales obras las medidas a las que se refiere el artículo 161. Quedan excluidas de lo dispuesto en este apartado las bases de datos electrónicas y, en aplicación del artículo 99.a), los programas de ordenador.”

El punto clave es que no se dice aquí que tenga que haber comprado el documento sino que es “a partir de obras a las que haya accedido legalmente”. Él al comprar su ordenador ha pagado ya un canon, es una persona física, y no podemos desde luego presuponer que lo hace con ánimo de lucro o para una exhibición pública. Tampoco hay una norma bibliotecaria del centro – al menos por escrito – que enmiende la ley, y el uso de música o películas con cascos sin que estos estén en préstamo está permitido y es habitual en la misma.

Una vez más me reafirmo en que sólo a lomos del procomún podemos conducirnos por los nuevos paisajes que poblamos, y aprovechar los resquicios que una legislación que regula a la contra del viento de los tiempos es ya una necesidad.
* Este post ha aparecido antes en Intrópicos que aquí

Los bulldocers del olvido

Carcel de carabanchelParece que han comenzado de manera oculta los trabajos de demolición de la Cárcel de Carabanchel. Ayer IU llevó al parlamento una proposición no de ley para intentar evitar su demolición pero lo votos de PSOE y PP juntitos y de la mano dieron al traste con ella.

Se llevará a cabo, según parece, otro atentado contra la historia y el patrimonio. Con total impunidad. Un atentado contra la historia porque el complejo fue construido por 1000 presos políticos (como El Valle de los Caídos) y sirvió durante más de cincuenta años como centro neurálgico de la represión política franquista. Y un atentado contra el patrimonio porque a los edificios les da su importancia no sólo el virtuosimo de sus arquitectos sino las vidas que ha alojado. Por otra parte el complejo tiene también su importancia arquitectónica, su sórdido colosalismo es buen ejemplo de los ideales artísticos del franquismo y del canon fascista: sobriedad, piedra, grandiosidad. Su cúpula de hormigón de una sola pieza seguramente no tiene parangón en España y lo inmenso de sus galerías confluyentes en el gran cilindro central es sin duda una buena metáfora del intento de bunkerización de todo un país. Las generaciones posteriores tenían derecho a verlo. Para no olvidar.

En los terrenos de la cárcel se construirán 650 pisos, un hospital, zonas verdes y oficinas del Estado. El 30% de los pisos serán de protección pública, y del restante el 90% de la venta se la embolsará e Estado y el 10% restante el consistorio.

Como es costumbre las autoridades han desoído las peticiones de los vecinos, que han pedido un mayor uso social para los terrenos y el mantenimiento al menos del cuerpo central como gran museo de la memoria histórica de la represión franquista. Como bien dice Ortiz, no hablamos sólo de mostrar los lugares donde se torturaba (que también) además

“Podrían haberse ilustrado otras historias mucho más desconocidas. Por ejemplo, como se ontaban las imprentas clandestinas, como se ocultaban y distribuían las octavillas y los periódico prohibidos, cómo se las arreglaba la gente para luchar junta sin conocerse, cómo se falsificaban los documentos de identidad o cómo se organizaba la vida en las cárceles…Carabanchel habría representado un espacio idóneo para montar lo que hubiera podido ser un verdadero Centro de Educación para la Ciudadanía. Pero ya sabemos que hay mucha gente que está en contra de esa asignatura. O que sólo se acepta si se imparte en inglés”.

En los últimos tiempos la cárcel, cerrada desde el 98, la han dejado morir para facilitar este trámite, es morada de inmigrantes de poca fortuna y sus muros albergan murales de amor herederos de aquellas pintadas a la amada en las celdas. Unos muros con muchos años de historias, diversas historias, que van a caer en el olvido.

Mañana en Ferraz

He estado esta mañana en la sede del PSOE. Una chica muy amable del partido me había dejado un comentario invitándome para hablar acerca de la pobreza con motivo del Blog Action Day. Allí han iban a estar – y han estado- Leire Pajín, Elena Valenciano y Eduardo Madina. Mi primera reacción fue de rechazo, ya me habían invitado anteriormente a “cubrir” el último Congreso Federal del PSOE por Madrid Me Mata y en aquella ocasión nos pareció que ir a hacerles el “caldo gordo” y participar de una acción de marketing como que no. En esta ocasión sin embargo por aquello de que se trataba de un debate y yo siempre he mantenido que me sentaría a discutir con el mismísimo diablo he decidido aceptar la invitación.

Pensando acerca de lo que podía preguntar se me ocurrió que no tenía mucho sentido ir a desaogarme y hacer una proclama de lo poco de izquierdas que me parecía su partido y patatín patatán. Seguro que me ignorarían y listo. Al fin y al cabo allí éramos más de veinte representantes de “la blogsfera” ( como si ese fuera un ente con nariz ojos y sobre todo idénticos parámetros mentales).

Me surgió entonces la posibilidad de reflexionar sobre los Objetivos del milenio de Naciones Unidas, que Eduardo Madina había copiado en su último post. Empecemos por enumerarlos:

Objetivo 1; Erradicar la pobreza extrema y el hambre.
Objetivo 2; Lograr la enseñanza primaria universal.
Objetivo 3; Promover equidad de género y empoderamiento de la mujer.
Objetivo 4; Reducir la mortalidad infantil.
Objetivo 5; Mejorar la salud materna.
Objetivo 6; Combatir el SIDA, el paludismo y otras enfermedades
Objetivo 7; Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente.
Objetivo 8; Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

¿No os parece de risa que objetivos que salvo el nombre de alguna enfermedad aparecen en el ideario de gentes del siglo XIX sigan llamándose objetivos del milenio? Y aún así que triste apradoja, parecen lejos de poder ser erradicados porque para que nuestro sistema social funcione necesita que sigan existiendo pobres. Una bolsa de pobres tolerable, que no molesten demasiado eso sí.

Es evidente que el PSOE no es precisamente el agente llamado a hacer cambios estructurales, de esos que tienen que ver en el fondo con buscar alternativas al capitalismo, pero cabía preguntarle por alguna iniciativa audaz con cabida en nuestro sistema. Y esa era la Renta Básica, un corpus de ideas que en principio podría entrar perfectamente en las agendas de auténticos partidos socialdemócratas.

Para quien no conozca las ideas de Renta Básica recomiendo buscar lo escrito por Daniel Reventós al respecto. De lo que se trata a grandes rasgos es de aplicar una renta de ciudadanía a todo miembro de la sociedad independientemente de si trabaja o no. Suena inalcanzable pero hay mucho escrito y teorizado al respecto desde hace veinte años y modelos muy serios como el que con una base de 210000 declaraciones de IRPF de Cataluña han dado resultados sorprendentes según los cuales del orden de un 70% de la población mejora con respecto a la actual situación, sobre un 15% se queda igual y sólo un 5% (los más ricos) salen perdiendo con respecto al actual status quo.

Es un tema un tanto complejo y requiere de leer un poco acerca de sus vericuetos pero desde luego es una propuesta por una mejor distribución de la riqueza asumible por un partido socialdemócrata.

Les he planteado esto y lo he contrapuesto con las medidas del PSOE, medidas más asistenciales que universales: chueque bebé, chequé ppor la vivienda, los famoso 400 euros de Zapatero, los 200 euros de ayuda al alquiler…

Eduardo Madina me ha respondido que él también está más por las políticas estructurales que por las transferencias, Leire que la Renta Básica es interesante, que la han discutido mucho y que quien sabe en el futuro, Elena Valenciano más de lo mismo, que no estamos preparados y que antes se necesita de un fortalecimiento de la seguridad social, pensiones, etc.

En definitiva, que no.

La verdad es que la mañana ha valido la pena, he compartido una una buena conversación con Pedro Cluster y David de La otra agenda, a parte de eso, política…de la de salón.

Mis divagaciones sobre la crisis

Leo al premio nóbel de economía Paul Samuelson que la actual crisis de Wall Street va a significar un giro copernicano para el capitalismo mundial. Lo compara de hecho con la caída del muro de Berlín como acta de clausura de un periodo. Se habría acabado el capitalismo financiero.

Mucho se está hablando de la actual crisis como la peor jamás vivida, incluso peor que el crash del 29 o de la crisis de los hidrocarburos en los setenta. Cierto es que nos falta perspectiva y recorrido pero no tengo yo tan claro que estemos ante un cambio de modelo. Quizá de un aplazamiento más sí, pero ya estarán los de siempre para privatizar las ganancias cuando el ciclo revierta.

No parece casualidad que en la literatura sobre el tema se llame “Edad de oro del Capitalismo” (aproximadamente desde los cincuenta hasta finales de los setenta) al periodo que se corresponde con el mayor desarrollo del llamado Welfare State. Fue Roosevelt el que empleó la receta de Keynes para escalar la situación posterior a 1929, aunque también lo hicieron exitosamente Hitler o Mussolini. Era la manera. Desde los ochenta con la Unión Soviética viviendo sus últimos estertores y sin la necesidad de los máximos capitostes del capitalismo mundial de guardar las formas, con los Reagan o Thatcher a la cabeza, hemos vivido una escalada neoliberal, un nuevo prestigio de la mano invisible de Adam Smith.

¿La consecuencia? Un aumento vertiginoso de los beneficios empresariales y un progresivo encanijamiento de los presupuestos públicos dedicados a la protección social. Como los beneficios han subido de la manera que lo han hecho los salarios no lo han podido hacer al ritmo adecuado. El beneficio rápido ha venido además de la mano de mercados ficticios, esos que de vez en cuando explotan ante la pérdida de fe de sus concurrentes. Y ahora han concurrido varias de esas “burbujas”.

Durante la Época dorada del capitalismo lo que se consiguió en occidente fue un crecimiento de las clases medias, una inyección real de excedente en las familias que incentivaron el consumo. El camino que llevamos recorrido desde los primeros ochenta ha desembocado en una pauperización de la ciudadanía occidental ¿y quien gasta ahora? Porque los ricos siguen a lo suyo, los mercados del lujo no entienden de crisis, pero no son la solución para nada.

Quien me conozca pensará que me he vuelto loco hablando sobre posibles curas del capitalismo “¡con lo rojazo que tu has sido Luis”! Sigo sin creer que esta sea la mejor manera en la que los humanos podemos organizarnos en sociedad pero tampoco estoy muy seguro de que el “Cuanto peor mejor” nos lleve de momento a a ningún sitio. Los más débiles casi siempre se quedan en el camino. Y además se trata de analizar sobre un escenario tristemente real.

Por cierto recomiendo la lectura de este artículo de Vicenç Navarro, un expléndido análisis de la situación y un alegato por la vuelta a las polítias keynesianas como receta paliativa de nuestras dolencias de hoy y me temo que de mañana.

¿De verdad que sólo allí es posible esto?

Almuezo Duane Hanson

Detalle de la obra en cuestión

Seguro que os ha pasado mil veces el conincidir en una exposición con un grupo guiado. A mi en ocasiones me ha gustado disfrutar de las explicaciones del guía de turno, ha enriquecido mi experiencia aportandome información sobre el autor o la obra que estoy viendo. En otras ocasiones sin embargo la misma circunstancia se me ha tornado desagradable por intrusiva. Uno va a ver una exposición tranquilamente y tiene que aguantar los gritos de un grupo que muchas veces se ha apuntado a la misma como quien se apunta a una excursión campestre, sin saber a que merendero toca viajar. Por no hablar de como los grupos acaparan los expositores y te echan de manera abusona de la vitrina que tratas de ver.

Ayer estuve viendo la exposición de Duane Hanson en la Fundación Canal. La verdad es que desconocía la obra de Hanson y consiguó interesarme. Se trata de esculturas en poliester a tamaño natural de personas corrientes y molientes, americanos del montón que podrían representar el sueño americano cuya mirada destruye dicha posibilidad. Es una obra cimentada en la contracultura americana, sobre la popularización del objeto artístico después de la postguerra. A mi me recordó mucho a cierto cómic underground, a American Splendor de Harvey Pekar concretamente.

Y sucedió. En el transcurso de mi visita a la exposición apareció una nutrida excursión de señoras mayores con un guía gritón al frente. Me echaron de varios de los expositores como era de esperar pero a cambio me enteré de algún detalle curioso como que las esculturas de Duane, que están vestidas con ropa real, son tan hiperrealistas bajo la misma como en las partes accesibles a la vista.

Ante una de las obras, una que representa a tres obreros de la construcción descansando después de haber dado buena cuenta de la comida, el guía dijo a las espectadoras que si bien la estampa podría a primera vista representar un grupo de cualquier país, fijándose un poco advertirían detalles que mostrarían la escena como inequívocamente americana: un paquete de Marlboro, una caja de pizza, una bolsa de doritos…

Esta afirmación que hasta hace pocos años podría ser cierta – qué era más carpetovetónico que un bocata y una litrona en una obra- se aparece ahora un tanto inocente. Cualquier buen observador (como los que abundan por cierto en las obras) sabe que ni la pizza “encajetada” es ajena a nuestros paisajes ni nuestras obras son ya dominio de hombretones nacidos en la piel de toro, fumadores de Bisonte y bebedores de vino en bota.

Cosas de la globalización que hace diversas las pieles y sin embargo homogeiniza.

Qué grande el Stipe

“Mi nombre es Michael Stipe y quiero hacer una declaración en nombre de R.E.M. Pero antes quisiera expresarle a cualquier dudoso que estoy aquí por mi propio y “contaminado” pie… uhm, estoy un poco nervioso por lo tanto voy a leer esto para evitar un malentendido: Peter Buck y Mike Mills anunciaron hoy, después de años de especulaciones, que ambos son heterosexuales o “rectos”. Estoy feliz por mis compañeros de banda y felicito la honestidad y el coraje al hacer esta declaración. Estoy con ellos, como siempre, y estoy orgulloso de su fuerza de carácter en esta difícil y deliberada decisión que han tomado”.

Intransigencia social necesaria

Esta tarde volviendo de trabajar en el metro he asistido a una escena que me ha hecho reflexionar sobre la apatía social en la que todos estamos sumergidos. En realidad el momento detonante no lo he visto, de repente he escuchado detrás de mí a una mujer increpando muy enojada a una chica quinceañera. Por lo visto la “niña” había dado un bofetón al chico con el que iba y la señora, muy enfadada le ha recriminado su acción, diciéndole que no se podía pegar a nadie, hombre o mujer, que reflexionara sobre las consecuencias que su acción podría tener si hubiera sido a la inversa y fuera el chico el que la hubiera pegado a ella. Ambas se han enzarzado en una discusión pública, en la que la adolescente esgrimía que no era quien para decirle lo que tenía que hacer y la señora seguía con su argumento acerca de que aquello era intolerable.

Creo que la señora ha quedado a nuestros ojos como una extravagante exagerada y la niña simplemente como una malcriada. Pensando en ello después, entre vayven del vagón y el ruido de mis tripas hambrientas, me he dado cuenta de que realmente la señora tenía razón, y que su actitud lejos de convertirla en una loca desaforada es la manera lógica en como todos deberíamos actuar. A menudo transigimos con actitudes que deberían ser socialmente intolerables porque solemos ser más precavidos y educados que los elementos más racistas, fascistas o indeseables de nuestro entorno. Todos tenemos ejemplos de cómo los más indeseables de nuestros lugares de trabajo acostumbran a ser los más atrevidos. Pues bien, creo que deberíamos ser mucho más intransigentes socialmente con este tipo de actitudes, afear públicamente a quien hace un comentario xenófobo o machista.

Recuerdo que algo parecido me comentó hace tiempo un buen amigo poniéndome de ejemplo un capítulo de la serie Sigue soñando. En el capítulo en cuestión Martin Tupper, el protagonista, está sentado en un restaurante con un tipo que no para de hacer chistes racistas. Martin se levanta y se va, explicándole que lo hace porque no quiere estar sentado con un racista de mierda. Creo que a todos nos falta levantarnos más a menudo de la mesa.

Los verdaderos moderados

Los hombres no hacen revoluciones para ser revolucionarios sino para poder ser –por fin- reformistas. Es decir, para alcanzar ese horizonte abierto -como el de un software libre- en el que se puedan introducir cambios a la medida de las necesidades de los ciudadanos, de acuerdo con su intervención consciente, en el marco pugnaz de las limitaciones tecnológicas y naturales. Al contrario de lo que pretende la propaganda, lo que caracteriza al capitalismo es que excluye y castiga las reformas; y si contra él hay que hacer la revolución es precisamente para poder ser moderados. Como en los cuentos infantiles, hace falta siempre una pequeña prohibición para liberar las voluntades y alcanzar la felicidad: respetar un árbol, negarse un alimento, mantener cerrada una habitación. El socialismo sólo impone un límite, sólo exige un mandamiento, y es mucho más modesto y realista que el precepto cristiano que nos invita a amarlo: “no te comerás a tu prójimo”. La paradoja del capitalismo es -al revés- la de que no prohíbe nada y, por lo tanto, lo encadena todo; no impone ningún límite y por eso mismo acaba sometiendo todas las voluntades a la libertad de la antropofagia, cuyo ejercicio mismo inhabilita, a fuerza de antipuritanismo, todas las otras libertades. El gran éxito propagandístico del capitalismo, y su solapamiento fraudulento con los valores ilustrados, tiene que ver con el hecho paradójico, en efecto, de que impone una feroz y criminal tiranía a fuerza de acumular libertades. Las constituciones llamadas “democráticas” de Europa y EEUU proclaman el derecho a la vivienda, a la salud, a la educación, al trabajo, a la libre expresión, a la vida, a la igualdad y a la seguridad -condiciones todas de la libertad individual-, y su incumplimiento material no es el resultado de una intervención anticonstitucional contra ellas sino justamente de la maximización de las libertades individuales. Para que todos estos derechos queden de hecho anulados sin necesidad de desmentidos ni interdicciones es suficiente con añadir un derecho más y dejar que se imponga por sí solo: el derecho a comer hombres. Basta con liberar y liberar y liberar para que todo quede definitivamente atado, cerrado, imposibilitado; y basta -al contrario- con prohibir una sola cosa para que se abra de pronto un umbral
donde la voluntad puede decidir -para bien y para mal- sobre todo lo demás.

Sigue en Variaciones sobre el Socialismo, de Santiago Alba-Rico